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La realidad alternativa o paralela a la que votamos

The Washington Post ha creado un grupo especial para evaluar el número de afirmaciones falsas o medias verdades dichas por el presidente Donald Trump. Y en los 34 días que el magnate lleva en el poder ha contabilizado nada menos que 133. Lo que supone casi 4 mentiras o realidades alternativas diarias. Y donde más ha falseado ha sido en Twitter y en sus declaraciones públicas, consciente de que su público es aquel que sólo se informa a través de las redes sociales y los mítines. Y que, además, se cree todo lo que les cuenta.

El presidente americano usa las cifras como le viene en gana, habla de las tasas de crímenes más alta en Estados Unidos para justificar sus propuestas contra la inmigración, cuando es la más baja; dice que la prensa no informa sobre atentados terroristas en Europa, cuando sí lo hace, o se inventa un suceso en Suecia, que luego excusa diciendo que se trataba de un reportaje televisivo —que vería somnoliento, imagino—. Y como la prensa muestra sus errores —eufemismo dedicado al propio Trump— la tacha de deshonesta o plantea que es ella la que miente, la que falsea. Uno no sabe si lo próximo será preparar una ley contra la Libertad de Expresión u organizar ruedas de prensa sin turno de preguntas, como se hace en España.

Y eso me recuerda al bufón del Gobierno y del PP, su portavoz en el Congreso de los Diputados, que ha dicho hoy que la culpa de la corrupción la tienen los medios de comunicación, que hablan demasiado de ella. La realidad, en este caso, también es alternativa (o paralela para los que hayamos visto Fringe).

El analista de los analistas

Montero me ha dicho que lo tiene claro: va a hacerse analista. «Abres un periódico y los hay de todo tipo: políticos, económicos, culturales, laborales. Son como una plaga. Páginas y páginas de análisis absurdos. Y no te digo nada si enciendes la televisión: te encuentras a un montón de listos dando su opinión, con un móvil en la mano o con una tablet, contrastando noticias, leyendo las opiniones de otros, soltando una noticia aquí, y luego otra allá, porque cambian de cadena como de camisa. Y los ves a las nueve en Los Desayunos de La 1, a las doce en el programa ese de La Sexta, «Al rojo vivo», lo conoces, ¿no?, a las diez y media en un especial de Cuatro; y el sábado de nuevo en La Sexta. Algunos hasta hacen triplete en las autonómicas».

Montero ha pensado incluso en crear un canal de Youtube, por eso de captar la atención de los más jóvenes. Canal Montero, lo va a llamar: un par de minutos hablando de la actualidad política o económica. «Como Gabilondo, pero en plan bárbaro. Porque cuántas más barbaridades, mejor. No hay más que ver a Trump, o a la tipa esa del PP madrileño, que primero lanza la piedra y luego esconde la mano, o se retracta con la boquita pequeña. O ni siquiera eso. Total, es sólo cuestión de ganarse la vida. Y ya sabes el dicho: es mejor que hablen de uno aunque sea mal».

Ha decidido hacerse unas tarjetas en las que bajo su nombre vaya la palabra «analista», o «asesor», que de ésos también hay muchos. «Y creo que pagan mejor. Con la de asesores que tienen los políticos, que se reproducen como esporas. Unos y otros. Imagínatelo, amigo: el He-Man del universo de los analistas, pero sin el taparrabos ni los pectorales de piedra. Aunque… ahora que lo pienso, un analista en gayumbos sí que daría que hablar».