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Premio Euskadi de Literatura para Fernando Aramburu

Hay premios que parecen cantados y el Euskadi de este año a Fernando Aramburu en su modalidad en castellano era uno de ellos. Desde su aparición pública Patria se ha convertido en un fenómeno, que le ha valido a su autor la consecución de varios premios —el de la Crítica y el Francisco Umbral a la mejor novela del año—, que siga siendo todavía una de las obras más vendidas del año —400.000 ejemplares y subiendo— o que su argumento sirva para la primera serie de HBO España.

Me alegro mucho por Aramburu, al que considero un gran escritor y al que he podido entrevistar varias veces —la primera de ellas viajando en un autobús a Madrid, con el móvil en la mano, la libreta sobre las rodillas ante la mirada de mi vecina de asiento que me observaba hacer malabares con el bolígrafo y el teléfono—. He leído con placer algunos de sus libros, en especial Años lentos, Viaje con Clara por Alemania —con la que quedó finalista del premio Euskadi en 2011, un premio que ya había obtenido diez años antes con Los ojos vacíos— o los relatos de El vigilante del fiordo y Los peces de la amargura, en estos dos últimos casos con amargo placer dado el tema. He tenido además la oportunidad de charlar con él en varias ocasiones, lo que me ha permitido descubrir a un hombre de fina ironía y ácido sentido del humor. He disfrutado de su conversación las veces que hemos coincidido, muchas menos de las que me hubiera gustado.

Admito que aún no me he atrevido a hincarle el diente a Patria: no soy muy amigo de las novelas extensas y tampoco tengo el cuerpo —aún— para adentrarme en esta visión de la realidad vasca durante los años de plomo. Es demasiado cercana como para no sentirme noqueado por ella. He leído los comentarios de críticos a los que respeto: por un lado César Coca en El Correo «ha construido una novela de enorme ambición porque reparte protagonismo y muestra el dolor que, más allá de sus causas y la consideración moral que pueda suscitar, alcanza a todos»— y por otro Iban Zaldua en el detallado análisis que hizo para Viento Sur —«Uno de los puntos fuertes de la novela, quizá el más potente: la voluntad de abarcar todo, de contar, de una tacada, lo que hasta ahora sólo se había hecho fragmentaria o parcialmente (como él mismo había intentado antes en libros como Los peces de la amargura, Tusquets 2006, o Años lentos, Tusquets 2012). Otra cuestión es cómo lo hace, y si la obra resultante puede calificarse o no de alta literatura» o «Los personajes son, en lo fundamental, estereotipos, reconocibles inmediatamente, y apenas cambian a lo largo de la obra, salvo en su superficie»—. Comentarios que me hacen querer acercarme a la novela. Tendrá que esperar. Quizás cuando le den el Nacional o cuando le vea en una próxima ocasión con un ejemplar para que me lo firme.

«Patria» recibe los parabienes de lectores y críticos

Seguramente a Fernando Aramburu el éxito de su última novela, Patria, se le ha ido de las manos. Quiero decir que ni él mismo esperaba que este novelón de casi 700 páginas fuera a convertirse en un best seller, con casi una decena de ediciones, o que estuviera en boca de todos. Decía hace poco el propio autor que desconocía los motivos de que se hubiera convertido en un éxito de ventas, superior a otros como Los peces de la amargura, por ejemplo.

La cabeza de cualquier escritor se pregunta muchas veces las razones de que una obra a la que has dedicado años tenga o no éxito. En el caso de Aramburu puede tener que ver con la promoción que ha hecho de ella el Grupo Planeta; que un Premio Nobel como Mario Vargas Llosa dedicara su página entera en El País a destacar sus bondades; o que algunos críticos literarios la hayan elevado a los altares comparándola con los Episodios Nacionales de Benito Pérez Galdós o Guerra y paz, de Tolstói. Casi nada. Incluso el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, dijo hace poco que cine español no había visto pero que recomendaba Patria para entender la historia de España.

Aramburu lleva años diseccionando la realidad vasca de los llamados años de plomo, por lo que no nos puede extrañar que su novela más ambiciosa refleje la situación que se vivía en muchos pueblos de Euskadi. Y que la haya plasmado reflejando la realidad de dos familias amigas que se ven rotas por el asesinato y los silencios. Estoy convencido de que habrá voces que digan que es una visión sesgada de Euskadi, que en ella no se habla ni de torturas, ni de conflictos políticos, ni de las motivaciones históricas que llevaron a ETA a matar. O dirán, también, que Aramburu vive en Alemania, alejado del día a día de aquellos años negros.

Ahora, Patria ha vuelto a ser reconocida, en este caso con el premio Francisco Umbral al mejor libro del año. El jurado ha tomado la decisión «por unanimidad», y ha subrayado que es la primera vez que esto ocurre. Calificada como la «gran epopeya del terrorismo», el fallo destaca que se trata de «un sólido testimonio literario que perdurará como crónica de gran valor histórico para entender el siglo XX de España y Euskadi». Y quizás sea éste su mayor valor: mostrar un pedazo de historia desde un punto de vista literario. Y conseguir que público y crítica se pongan de acuerdo.