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Con motivo de la muerte de Germán Yanke

Un alto cargo nacionalista dijo hace unos años que Germán Yanke era lo mejor que tenía el nacionalismo vasco en la cultura aunque él no lo fuera. Además, era unamuniano hasta las cachas, y por tanto polémico, amante de la palabra y la discusión. Desde que le dio el ictus hace cuatro años, mucha gente se preguntaba qué tal estaría el escritor y periodista bilbaíno. Yanke falleció ayer a los 61 años de edad.

A Yanke le conocí en la presentación de Ciudad sumergida, obra en la que se mezclaba el dietario y en ensayo en el Bilbao de finales del siglo XX y principios del XXI, y que publicó gracias a Bassarai, con Kepa Murua como maestro de ceremonias. Años después volvimos a coincidir en la presentación madrileña de El detective de sonidos, aquella falsa novela negra que Luisa Etxenike publicó con Libros de pizarra, mi segunda incursión editorial. Pero esto es poco importante. Lo fundamental fue encontrarse con un periodista crítico, de ésos que llamarían de raíz, que pasó por Deia, El Correo y por aquella primera edición regional de El Mundo, cuando el diario se convirtió en cabecera referente de quienes estudiábamos periodismo. Para un plumillas que se fogueó colaborando para El Mundo del País Vasco hablar de Melchor Miralles o Germán Yanke era como referirse a Dios.

A eso añadiremos su comprometida lucha contra ETA, no sólo a través de sus artículos sino en su impulso de plataformas como Fundación para la Libertad, quizás porque fue ésta una de su máximas, la libertad como persona frente a bandas que te obligaban a callar con una bala y como periodista frente a la realidad de políticos que prefieren a comparseros que les rían las gracias. El caso de Esperanza Aguirre en TeleMadrid es un ejemplo de lo segundo. Como siempre en estos casos nos quedarán sus obras, los número de Pérgola cuando fue su director, sus biografías de Blas de Otero o los escritos sobre Unamuno. Además de haber sido miembro de la Sociedad de Estudios Vascos y de la Sociedad El Sitio. Desde aquí nuestro más sincero recuerdo.

 

 

 

 

 

Así pasen cien años

Homenaje a Francisco de Iturribarria con motivo del centenario de su muerte, un poeta desconocido para el gran público del que Unamuno llegó a decir que había aprendido la técnica del soneto gracias a él. Seve Calleja se ha encargado de seleccionar seis de sus relatos, y Lourdes Unzueta los ha traducido al euskera. El resultado ha sido la publicación de un libro bilingüe, Cuentos/Ipuinak, editado por la Diputación Foral de Bizkaia, dentro de una colección surgida el pasado año para recuperar la obra de autores vizcaínos. Es ésta además la primera vez que se publica alguno de los textos de Iturribarria en euskera. Entre los asistentes a la presentación, la sobrina de Iturribarria, una mujer de 91 años que se emocionaba al ver que desde las instituciones reconocían la obra de su tío. Otra cosa serán los lectores, seguramente ajenos a un autor que espiritualiza los paisajes y en cuyos textos aparece siempre un halo religioso, una invocación a la Virgen. Eran otros tiempos, era otra forma de escribir, y así hay que acercarse a su obra.