Entradas

Cebo para mubles

En la desembocadura de los ríos, donde se mezclan los restos del alcantarillado con las aguas procedentes del mar, habitan los mubles, esos peces que se alimentan de los desperdicios, de las defecaciones, de lo que desechamos. En esas aguas se agolpan pescadores solitarios, con la confianza de que piquen barbos, carpas u otras especies más nobles; sin embargo, los desesperados, los hambrientos, o los que se mueven a sus anchas en aguas revueltas se apropian de los mubles para llevarlos a su mesa. O para servirlos en la nuestra. Quisieran hacernos creer que se trata de un manjar, cuando incluso el olor a aceite recalentado ha impregnado nuestra ropa. Y ya sólo huele a refrito, sólo nos queda el sabor amargo del desperdicio. Un olor y un sabor que lo envuelve todo.Que llevemos días hablando de la obra teatral de unos titiriteros demuestra hasta qué punto se empeñan en servirnos mubles. Y cómo el olor a fritanga enmascara realidades mucho más importantes: la principal, quizás, que en este país sigue existiendo un poder mediático que convierte cualquier desperdicio en una noticia, pero también en una cortina de humo. Que un grupo de titiriteros confunda el humor con el malgusto podrá ser acertado o no, pero no justifica que se les acuse de apología del terrorismo y menos aún que se organice el revuelo mediático en el que estamos inmersos. Como si no hubiera otras noticias más preocupantes: corruptelas varias, la hermana del rey en el banquillo, el partido del gobierno restregándose en el lodo, los políticos buscando otra puerta giratoria que les haga más confortable su vida, las prebendas de la corte, los cementerios de elefantes aforados. Pero es que esto nos lleva a la segunda realidad: que vivimos en una espiral en la que parece que cualquiera que escriba, opine, comente o publique tenga sobre sí una espada de Damocles, y se vea obligado a justificar cada comentario, cada sonrisa, cada humorada. La corriente dominante nos lleva, no podemos escapar de ella, tenemos que reírnos sólo de determinado tipo de gracias, cantar a coro el himno. Pensar como se nos diga que debemos hacerlo, y mirar hacia otro lado. En 1952, el dramaturgo Arthur Miller escribió El crisol, una obra basada en los juicios de Salem contra mujeres acusadas de brujería, y en la que criticaba la caza de brujas anticomunista del senador McCarthy. Un ejemplo, quizás, a tener en cuenta.