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Aquella lejana matanza de balleneros vascos

El 22 de abril del pasado año se derogaba en Islandia una ley que permitía matar vascos —promulgada en 1615 por el sheriff local Ari Magnusson—, que desembocaría en lo que se conoce como la «Matanza de los españoles» (Spánverjavígin en islandés), el mayor asesinato en masa cometido en aquella isla. Un hecho histórico muy conocido en Islandia, pero que ha pasado desapercibido totalmente en Euskadi. Este 11 de octubre se preestrenaba en Bilbao el documental Baskavígin: la matanza de los balleneros vascos —dirigido por Aitor Aspe, escrito por Aner Etxebarria y producido por Katixa de Silva—, que recrea la muerte en octubre de hace cuatrocientos años de 31 balleneros vascos, todos ellos guipuzcoanos, en las costas islandesas. Y un día como hoy, 13 de octubre, se conmemoraría el asesinato de Martín de Villafranca, capitán de uno de los barcos, y de 12 marineros.

Más allá del hecho histórico, y de las lagunas que aún quedan por cubrir sobre lo que ocurrió —qué fue de los capitanes Pedro de Aguirre y Esteban de Tellería, y su tripulación, supervivientes de la matanza, de quienes se sabe que lograron zarpar rumbo al País Vasco, pero no si llegaron a sus costas—, Baskavígin supone un gran esfuerzo de reconstrucción histórica. Rodado en Inglaterra, Islandia, Cádiz, Pasajes de San Juan, Azkorri o Madrid, el documental contó con más de doscientas aportaciones a través de micromecenazgo —el pintor Iñaki García Ergüin donó un cuadro sobre la película para ser subastado—, la participación de historiadores (Selma Huxley, Xabier Irujo, José Antonio Azpiazu, Sigurður Sigursveinsson, Michael Barkham, Magnús Rafnsson, Viola Migli), escritores (Tapio Koivukari, Sjón), y todo un elenco de actores que permitieron llevar a buen puerto tan ambicioso proyecto.

La hACERÍA: otro descubrimiento

Hace ya un año tuve la oportunidad de entrevistar a Richard Sahagún, un joven actor al que no conocía pero que nos había enviado varias convocatorias al periódico Bilbao. Su vehemencia al hablar de su trabajo nos animó a sacarle en la Página Tres de «Pérgola», lo que nos permitió descubrir no sólo su faceta como actor sino también como responsable de actividades de La hACERÍA, o como dramaturgo en La tristeza del caracol y El abrazo de Heróntidas (que se representará el próximo 15 de enero en el Museo Guggenheim). Desde entonces mantenemos una relación de amistad que nos lleva a seguirle la pista y a interesarnos por todo lo que hace —desde su participación en Gernika, en el documental Baskavígin: la matanza de los balleneros vascos a la reciente El guardián invisible—. 

El pasado domingo se representaba en La hACERÍA Lola y Dolo, el musical, un pequeño cabaret formado por dos actrices, en el que a través de sus canciones (Lola —Amaia Miranda— a la guitarra y los coros, y Dolo —Maitane Aspe— como solista) nos cuentan la historia de La Mari, una mujer recién separada que busca un nuevo amor en la España rural de los años treinta. La recomendación de Sahagún fue inmediata: no os la podéis perder. Venidas directamente de Barcelona, la obra había sido ajustada al espacio escénico y convertida en una pieza teatral repleta de humor, con dos actrices que hacían reconocibles cada uno de los personajes —desde una Lola más puritana a esa Dolo algo más adelantada a su época—, que hablaban como si el espectador fuese uno más del patio de vecinos. Teatro cercano, que quizás en este caso necesitase aún cierto rodaje pero que mantiene su frescura y nos hace comprender —una vez más— el porqué de la existencia de locales como La hACERÍA. Y el motivo de que el público acuda a su llamada.

(La fotografía es de iunoumi)

Viviendo vidas pasadas

Según pasan los años me gusta más el teatro y me merece un respeto mayor, en especial por esa capacidad de actores y actrices de enfrentarse al público, de transformarse, de mudar de piel, una especie de desnudez sin barreras que no es tan evidente en otras artes. Y disfruto —en ocasiones con cierta sensación de intromisión en lo privado— cuando el teatro se convierte en un espectáculo cercano, como el que ofrece Pabellón 6, o el esfuerzo que Richard Sahagún está realizando para impulsar La Hacería. Dos salas en las que creo haber visto algunas de las obras más refrescantes de esta temporada: Orquesta de señoritas —sin olvidar Chichinabo cabaret—, en el caso de Pabellón 6, o El abrazo de Heróntidas, en La Hacería—obra que será representada el próximo 15 de enero de 2017 en el Guggenheim—.

La utilización de salas pequeñas y cercanas no es nueva, así como la ruptura con el espacio escénico para que el espectador se sienta dentro de la propia obra. Decía hace unos días el crítico Pedro Barea, que «el formato tiraniza», y de ahí que el lugar de la representación así como la cercanía del público influya en el desarrollo de la obra, en el ritmo, en su duración o en el número de actores.

Durante la pasada Aste Nagusia se representaba en la biblioteca del Hotel Miró de Bilbao Vidas pasadas, de Ángel Mirou, obra con sólo dos personajes: Leyre Berrocal y Bea Insa. Una historia de fracasos y vueltas a empezar, de recuerdos que marcan nuestra vida, de intentos por apostar en lo que uno cree, incluso aunque haya de venderse para ello. Teatro de proximidad, en un espacio pequeño, con sillones en primera fila, a unos centímetros de las actrices, con sillas altas en la tercera para permitir una mayor amplitud de miras. Se representa una entrevista que va a ser grabada en vídeo para una revista de tendencias. Tania (Bea Insa) es una actriz en crisis que está promocionando su nueva película, tras diez años ausente de las pantallas; Vero (Leyre Berrocal) es una periodista insegura con un trabajo en precario, madre de un hijo al que no sabe si está dando una buena educación. La entrevista se celebra en un hotel, precisamente en una biblioteca, las grabaciones se detienen e inician, se cambian las preguntas cuando a la actriz le incomodan, hay una cámara que deja ver el rostro de ésta con una cercanía casi insultante, el espectador siente que está viviendo la realidad de dos personas que han de compartir sus trabajos, que dependen la una de la otra. Es como si mirase por el ojo de la cerradura un pedazo de vida. Algo a lo que ayuda el pequeño formato —el argumento y la duración de 40 minutos—, pero sobre todo el buen hacer de las dos protagonistas.

 

La foto de las actrices es de www.elmonstruito.com

Entrevista a Richard Sahagún

Mediodía, sol, una mañana que parece de primavera aunque el camino de acceso a Zorrotzaurre aparezca poblado por las primeras hojas caídas del otoño. A un lado el puente Frank Gehry, a la izquierda una ría radiante, y tras unos metros de amable paseo La hACERÍA Aretoa, uno de los espacios pertenecientes al proyecto Zorrotzaurre Art Working Progress (ZAWP).