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Picaresca

Seguimos leyendo cada día noticias en las que, al parecer, nadie se entera de nada. Los políticos se manejan sin controlar a sus subordinados, o como si no les controlasen, dejándoles hacer, recurriendo quizás a ese planteamiento francés del siglo XVIII, «Dejen hacer, dejen pasar, el mundo va solo» (Laissez faire et laissez passer, le monde va de lui même) que empleara Vincent de Gournay. Pero se referían a otras cosas, no olvidemos. En un país donde sólo se gobierna en condiciones bajo el yugo del aquí mando yo (en versión democrática, la mayoría absoluta), donde la opinión del Otro siempre es la equivocada (¿matizada?), donde los consensos sirven mientras pueda obtener algo para mi reino de Taifas, en un país así conviene no enterarse de nada. En el capítulo de una serie que vi ayer un marido le decía a su mujer: «No te voy a contar lo que hice para que no tengas que mentir si te preguntan». A veces la ficción se empeña en golpear la puerta de la realidad. Aunque si filmasen una serie sobre lo ocurrido políticamente en España en los últimos treinta años (o en Euskadi, que el paisito hace años que dejó de ser la Arcadia feliz aunque nos enteremos de poco), sería sobre pillos y pícaros. Qué cerca estamos del Lazarillo pero con trajes de Armani y pañuelos de Hermès.