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Entrevista a Sergio Arrieta

La trayectoria del escritor Sergio Arrieta (Marsella, 1961) venía marcada por la publicación de varios poemarios (“Ces jour que je t’abandonne”, “Brasero phréatique”, “Al borde del tiempo azul” y “La luz negra de tu ausencia”) y un libro de relatos (“No te llamaré soledad”). Sin embargo, la figura del conde de Lautréamont siempre le estuvo rondando. “Quería escribir una novela sobre el autor de Los cantos de Maldoror. Ningún poeta llegó ni llegará a las inmediaciones de los parajes atormentados, tétricos, surrealistas, llenos de poesía fulgurante y lúgubre que Lautréamont creó en sus Cantos.”

Entrevista a Harkaitz Cano

El turismo, y por extensión las vacaciones, son el tema central del nuevo libro de Harkaitz Cano, un puñado de relatos que vio la luz hace dos años (“Beti oporretan”) y que se publica ahora en castellano bajo el título de “El turista perpetuo”. Traducido por el propio autor, “antes tendía a alejarme más del original, pero con el tiempo creo que me he convertido en un traductor más fiel. Tiene que ver quizás con cuestiones técnicas, pero también con el hecho de aceptarse a uno mismo y a reconocer tu propia voz en el espejo de la traducción. El título es una versión bastante libre”.

La hACERÍA: otro descubrimiento

Hace ya un año tuve la oportunidad de entrevistar a Richard Sahagún, un joven actor al que no conocía pero que nos había enviado varias convocatorias al periódico Bilbao. Su vehemencia al hablar de su trabajo nos animó a sacarle en la Página Tres de “Pérgola”, lo que nos permitió descubrir no sólo su faceta como actor sino también como responsable de actividades de La hACERÍA, o como dramaturgo en La tristeza del caracol y El abrazo de Heróntidas (que se representará el próximo 15 de enero en el Museo Guggenheim). Desde entonces mantenemos una relación de amistad que nos lleva a seguirle la pista y a interesarnos por todo lo que hace —desde su participación en Gernika, en el documental Baskavígin: la matanza de los balleneros vascos a la reciente El guardián invisible—. 

El pasado domingo se representaba en La hACERÍA Lola y Dolo, el musical, un pequeño cabaret formado por dos actrices, en el que a través de sus canciones (Lola —Amaia Miranda— a la guitarra y los coros, y Dolo —Maitane Aspe— como solista) nos cuentan la historia de La Mari, una mujer recién separada que busca un nuevo amor en la España rural de los años treinta. La recomendación de Sahagún fue inmediata: no os la podéis perder. Venidas directamente de Barcelona, la obra había sido ajustada al espacio escénico y convertida en una pieza teatral repleta de humor, con dos actrices que hacían reconocibles cada uno de los personajes —desde una Lola más puritana a esa Dolo algo más adelantada a su época—, que hablaban como si el espectador fuese uno más del patio de vecinos. Teatro cercano, que quizás en este caso necesitase aún cierto rodaje pero que mantiene su frescura y nos hace comprender —una vez más— el porqué de la existencia de locales como La hACERÍA. Y el motivo de que el público acuda a su llamada.

(La fotografía es de iunoumi)

Entrevista a Pedro San Sebastián y Sara Montes

Perpendicular a Licenciado Poza, cerca de la plaza Indautxu, se abre una calle dedicada a un maestro salmantino, quien durante años fue profesor y director de las escuelas de Atxuri, que llevan su nombre. Se trata de la calle García Rivero, apenas cien metros en los que se agolpan más de una docena de bares, centro de reunión de mediodías, tardes y fines de semana. Escoltada entre dos bares, se abre desde los noventa la Librería Universitaria, un negocio dirigido por Pedro San Sebastián y su mujer Sara Montes, y ahora por dos de sus hijos: Aitor e Itziar.

Entrevista a Antonio Altarriba

El salón de la casa de Antonio Altarriba (Zaragoza, 1952) es un espacio luminoso rodeado de plantas que lo envuelven como si uno estuviera en plena naturaleza. A juego con el entorno, los sofás son también verdes, la mesa y el suelo de madera. Colgado de una columna descansa una enorme marioneta, y junto a una ventana un muñeco vestido de época parece dar la bienvenida al visitante. Las habitaciones están llenas de estanterías con libros, de carpetas en las que se guardan cómics y revistas: reclamo para un lector exigente.

Tres (grandes) homenajes al género negro

No deja de sorprender que el escritor francés Pierre Lamaitre (París, 1951) tardase más de treinta años en ver publicada su primera novela, en especial cuando con 20 años ya tenía decidido que quería ser escritor. Sin embargo, Irène no vería la luz hasta 2006, tras deambular de editorial en editorial y ser rechazada nada menos que 22 veces. Una nueva muestra de la ceguera que guía un mundo editorial alejado de la perspicacia del ciego del Lazarillo o de la sensibilidad de un personaje como Daredevil. Ironías aparte, el propio Lamaitre apuntaba en este sentido que quizás muchos editores sintieron el miedo de lanzarse a la publicación de una novela marcadamente violenta; muchos críticos valoraron este hecho más allá de su evidente calidad literaria.

Sin embargo, Irène —publicada ahora en España por Alfaguara—, no es sólo una increíble novela negra, sino también un libro que homenajea a otras grandes obras, (o a sus criminales): desde La Dalia Negra, de James Ellroy, a American Psycho, de Bret Easton Ellis, por citar dos ejemplos. Y cuenta con un detective con una personalidad tan acentuada como la de otros protagonistas del género: desde Sherlock Holmes pasando por Hércules Poirot o Philip Marlowe.

Que estamos ante un gran escritor lo demuestra el hecho de que apenas lleva nueve años publicando pero ya ha sido reconocido con una considerable cantidad de galardones: el premio a la Primera Novela Policiaca del Festival de Cine de Cognac en 2006, el Dagger de novela negra en 2013, el de Novela Negra Europea o el Premio Goncourt por Nos vemos allá arriba en 2013, su primera incursión en la novela picaresca a partir de la historia sobre dos soldados traumatizados tras la Primera Guerra Mundial.

Irène es el inicio de una serie protagonizada por el comandante de la Brigada Criminal de París Camille Verhoeven, personaje que aparece en Alex (2011), Rosy & John (2012), Sacrificios (2013) o Camille (2013). Verhoeven mide sólo 1,45 pero es capaz de intimidar al delincuente, revolverse contra la autoridad si lo considera necesario o seguir su instinto para detener a un asesino en serie que emula los crímenes aparecidos en clásicos del género. Una novela que no sólo enganchará a los amantes de la novela policíaca sino también a todos aquellos que disfruten con la literatura.

Una Granada franquista

Otro personaje de marcada personalidad, tan acentuada como el creado por Lamaitre, es el protagonista de Gran Granada, la última novela de Justo Navarro publicada por Anagrama. El comisario Polo es un policía octogenario, con una mirada marcada por sus trece dioptrías, ingeniero de telecomunicaciones, visionario de la vigilancia, profeta del espionaje televisual y telefónico que anticipa, según el propio autor, “la transición del estado policial a la sociedad policial”.

Un abogado aparece muerto en la Granada franquista de 1963, un año en que se produjeron unas grandes inundaciones que motivaron incluso la visita de Franco y su séquito. Un año que, en palabras de Navarro, supuso la regeneración económica de la ciudad, al desarrollarse una industria inmobiliaria en sustitución “de una economía basada en la agricultura, la azucarera y el tabaco”. Pero la presencia del caudillo obliga a la policía a acelerar la investigación de un caso que aparentemente es un suicidio aunque Polo considere que se trata de una asesinato.

La novela gira así en torno a tres temas: la contradicción entre la ley y el orden, que lleva a la policía a esforzarse en ocultar los crímenes ante la inminente visita de Franco más que en investigarlos; la hipocresía de separar la vida pública de la privada, que se rompe con la aparición de las nuevas tecnologías de espionaje; y el tema amoroso. Porque en Gran Granada, Navarro construye una historia a partir de “un chantaje, con un trasfondo amoroso, y una sucesión de asesinatos, a los que se enfrenta este viejo comisario antes de que Franco llegue a la ciudad”.

El escritor andaluz (Granada, 1953) ahonda a su vez en lo que considera el origen de la sociedad de la vigilancia electrónica, con una trama que gira en torno al uso de micrófonos o cámaras ocultas en una investigación. El propio comisario Polo anticipa incluso el uso que se hace a día de hoy de estas nuevas tecnologías al apuntar que “todo el mundo debería llevar un teléfono consigo como un grillete, como una pulsera”. Como apuntaba recientemente el autor: “una sociedad en la que todos son policías. Ya no hace falta recurrir a la tortura para obtener información: basta con mirar en Facebook”.

Elemental (querido Watson)

El caso de No tan elemental (Arial), del escritor y director de televisión Daniel Tubau, es distinto. En esta ocasión no estamos ante una novela sino ante un ensayo que invita a desentrañar los secretos del detective literario más importante de la historia: Sherlock Holmes. Maestro de la deducción, precursor del método científico en la investigacion, de la criptografía y de la ciencia forense, Tubau invita al lector a observar la realidad de otra manera, a mirarla como lo haría el propio Holmes. Descubrir los signos de lo que nos rodea, analizar las cosas de otra manera, no conformarse con esa primera impresión tan habitual a la hora de ver lo que nos rodea.

En No tan elemental —frase que remite a la célebre “Elemental, querido Watson”, que no aparece en los textos de Arthur Conan Doyle sino que se añadió posteriormente en las películas, como la gorra o la pipa— Tubau intenta mostrar que nuestro pensamiento se acerca más al de Watson, “un pensamiento perezoso y poco sofisticado”, en palabras del escritor. Seríamos capaces sin embargo de acercarnos al de Holmes si entrenáramos la intuición o buscáramos otras formas de mirar. Para Tubau, el mérito del detective asesor inglés es ver signos, “no en vano es el precursor de la semiótica”. Pero signos incluso en su ausencia, como el caso de un perro que no ladra cuando ha de hacerlo.

Porque el acierto del libro es el minucioso estudio que se hace sobre un personaje considerado casi real al compararlo con algunos de los grandes pensadores de la Historia. Desde la habilidad del crítico de arte Giovanni Morelli para distinguir el autor de un lienzo sólo con fijarse en la forma de una oreja hasta el filósofo Francis Bacon a la hora de analizar la realidad desde un punto de vista filosófico. El método analítico de Holmes no es unívoco sino la mezcla de muchos métodos: la deducción, la intuición, la observación llevan al detective a la resolución del caso.

El libro ahonda igualmente en la influencia que el personaje de Conan Doyle ha tenido en disciplinas científicas de las que ya hemos hablado como la psicología o la ciencia forense. Hasta el propio proceso creativo se puede ver influido por los métodos holmesianos. Lo científico aplicado al mundo criminal que ha dado seguidores, escuelas de investigación, fans, nuevos personajes literarios… Pensemos en House, por ejemplo, como un Holmes convertido en médico, en las dos películas protagonizadas por Robert Downey Jr., o en las dos series que retratan al personaje en pleno siglo XXI: Sherlock y Elementary. Son éstos algunos ejemplos de que la criatura de Conan Doyle sigue hoy de actualidad y ha sobrepasado a su propio autor.

Entrevista a José Javier Abasolo

A día de hoy podríamos decir que José Javier Abasolo (Bilbao, 1957) es uno de los escritores que mejor se manejan en la novela negra en Euskadi. Lo demuestran títulos como Heridas permanentes, El aniversario de la independencia o Nadie es inocente, por citar algunos de sus catorce libros. Con Lejos de aquel instante, su ópera prima, obtuvo en 1996 el Premio de Novela Prensa Canaria y resultó finalista del Premio Hammet de Gijón.

Entrevista a Sabina de la Cruz

El 15 de marzo se cumplen cien años del nacimiento de Blas de Otero, una efeméride que merece un encuentro con la que fuera su viuda, Sabina de la Cruz, presidenta de la Fundación que protege la obra del escritor. Considerado como uno de los principales representantes de la poesía social de los años cincuenta en España, la obra del poeta bilbaino evolucionó desde la religiosidad de Cántico espiritual (1942) al existencialismo de Ángel fieramente humano (1950) o Pido la paz y la palabra (1955).