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La novela fragmentaria de Muñoz Molina

Durante muchos años, dos libros de Antonio Muñoz Molina marcaron mi forma de entender la literatura, por un lado El jinete polaco, y por otro Plenilunio, obra por la que siento predilección y que supuso el germen de una de mis novelas. Las de Muñoz Molina eran obras densas, narradas con la rotundidad de un gran escritor, excesivas quizás para los lectores de hoy. Quizás por ello no sorprenda que su ultimo libro, Un andar solitario entre la gente (Seix Barral) sea más fragmentario, acorde a los tiempos que nos ha tocado vivir, con un contenido singular también en su forma. El escritor jienense ha estado en Bilbao presentando esta novela que refleja un proceso narrativo y que surgió por casualidad, como dice que nacen muchos de sus proyectos, inconscientemente, llega una idea y uno empieza a desarrollarla. El impulso de Un andar solitario entre la gente fue ir fijándose en las cosas que estaban cerca de uno, un posavasos, una persona pidiendo en una esquina, un artista callejero, un artículo de periódico. “Quería contar lo inmediato, y según escribía lo que estaba haciendo cobraba forma. Era una especie de diario en el que recopilaba recortes, frases, iba con un cuadernos y un lápiz pero a la vez con un iPhone en el que registraba grabaciones, por ejemplo los pregones de la gente en la calle, los cánticos de una vendedora de melocotones, en la que te das cuenta de la musicalidad del habla. Mis escritos se convirtieron en una crónica de viajes con la que prolongaba la tradición sobre la literatura de la ciudad”.

Dice Muñoz Molina que siempre le ha gustado la escritura fragmentaria, que la inmediatez siempre ha estado ligada con el periodismo, y que “el periodismo es literatura porque es contar el mundo con palabras”. Pero como en todas las artes, hay buen y mal periodismo. Y por tanto buena y mala literatura. Y recurriendo a Choyce: “La casualidad me provee justo de lo que yo necesito”. Todos los escritores que aparecen en el libro son escritores de periódicos. Esta nueva literatura se corresponde con la nueva realidad. Por qué define su novela de urbana: “Porque la ciudad por definición es un mosaico, y por eso mismo las novelas sobre la ciudad suelen ser así”. En ese proceso el escritor descubrió una palabra que le refleja perfectamente la sociedad de hoy: basuraleza. “El nivel actual de residuos es brutal, muy serio, a lo largo de la novela aparece varias veces esa presencia constante de basura en nuestras calles. Cada cultura trabaja con el material que tenemos, y en la nuestra los deshechos son con los que trabajaremos en el futuro”.

Entrevista a Sergio Arrieta

La trayectoria del escritor Sergio Arrieta (Marsella, 1961) venía marcada por la publicación de varios poemarios (“Ces jour que je t’abandonne”, “Brasero phréatique”, “Al borde del tiempo azul” y “La luz negra de tu ausencia”) y un libro de relatos (“No te llamaré soledad”). Sin embargo, la figura del conde de Lautréamont siempre le estuvo rondando. “Quería escribir una novela sobre el autor de Los cantos de Maldoror. Ningún poeta llegó ni llegará a las inmediaciones de los parajes atormentados, tétricos, surrealistas, llenos de poesía fulgurante y lúgubre que Lautréamont creó en sus Cantos.”

Entrevista a Andrés Tejo

Inquietud, vehemencia o creatividad pueden ser tres de los adjetivos que identificarían a este joven bilbaino que alterna su interés por la música —es profesor de guitarra y el piano, compone bandas sonoras y toca en varios grupos— y la escritura. Su pasión por esta última le ha llevado a escribir “El legado del portador”, “una saga de carácter fuerte y profundo, de intriga constante, en la que cada final de capítulo genera una incógnita que no se va a resolver a veces en la primera novela sino que podrá hacerlo en la cuarta”. La primera entrega, “Despertar”, cuenta la historia de Sarah, una chica que se queda sin madre y descubre unas habilidades que le hacen especial, incluso en Sendaris, el mundo al que se ve obligada a viajar.

Los verdes campos

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