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María Teresa Castells o la defensa de la libertad

La librería donostiarra Lagun y María Teresa Castells fueron durante muchos años la muestra de que Euskadi estaba luchando contra la libertad de expresión. Lo había hecho cuando el franquismo era moneda corriente, y tanto ella como su marido —el intelectual y político socialista José Ramón Recalde— se erigían en estandartes antifranquistas. Más tarde, cuando ETA y su entorno radical los pusieron en el centro de sus ataques.

Recalde —que durante años sería Consejero de Educación o Justicia del Gobierno vasco— sufriría un atentado terrorista en Igeldo por defender sus ideas, del que saldría gravemente herido. La librería Lagun, situada en la Parte Vieja donostiarra, en plena Plaza de la Constitución, se vería acosada por ataques permanentes, ya no sólo mediante pintadas del tipo «faxistas kanpora» o rotura de los escaparates, sino también mediante la quema de libros al más puro estilo de las juventudes nazis. Qué paradoja que quienes eran acusados de fascistas fuesen precisamente los presionados por la intolerancia de la kale borroka y de la izquierda radical vasca. En 2001, tras el atentado a Recalde, Lagun cerró sus puertas y tardaría en volver a abrirlas pese al apoyo de miles de donostiarras. El peso de la intolerancia, que volvería a llenar la plaza de pintadas amenazantes, pudo más que la defensa de la libertad y el respeto de la diversidad.

María Teresa Castells falleció este domingo 10 de septiembre a los 82 años de edad, pocos meses antes de que la librería Lagun, que ella fundó junto a Recalde e Ignacio Latierro, cumpla cincuenta años de resistencia. La librería volvió a abrir sus puertas, esta vez en la calle Urdaneta, en un entorno más tranquilo de San Sebastián, y con una foto de la fundadora presidiendo su escaparate.