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Israel ha creado el robot asesino

Seguramente el viceministro de cooperación regional de Israel, Ayoub Kara, no habrá leído a Isaac Asimov. Tampoco conocerá las Leyes de la Robótica descritas por el escritor estadounidense en muchas de sus obras sobre robots o en la serie juvenil de Lucky Starr:

1) Un robot no hará daño a un ser humano o, por inacción, permitir que un ser humano sufra daño;

2) Un robot debe obedecer las órdenes dadas por los seres humanos, excepto si estas órdenes entrasen en conflicto con la 1ª Ley;

y 3) Un robot debe proteger su propia existencia en la medida en que esta protección no entre en conflicto con la 1ª o la 2ª Ley.

Ayoub Kara, un político al que nadie haría caso si no fuera por sus ocurrencias, dijo en una entrevista que el Estado hebreo había creado un robot asesino para matar al secretario general del Movimiento de la Resistencia Islámica de El Líbano (Hezbolá), Seyed Hasan Nasrolá, para «no poner en peligro a los soldados israelíes en territorios hostiles». Hasta ahora se habían limitado a ataques selectivos de ésos en los que uno lanza un misil teledirigido a la guarida de un rebelde y mueren cuarenta personas, a veces incluso el objetivo. Pero Kara, henchido, emocionado, orgulloso de la capacidad militar de su país ha dejado claro que Israel está a la vanguardia de las nuevas tecnologías militares, y entre ellas una especie de Iron Man ideado por un Tony Stark judío que puede entrar en Gaza y combatir contra todos los jefes de Hamas. Como el viceministro no es de guardarse secretos añadió además que el robot localiza a sus objetivos a través de radares especiales, que puede perseguirlos por túneles subterráneos y que no ceja en su empeño hasta traerse el cadáver de su víctima. Por lo que parece incluso acabar con el robot asesino es muy difícil porque está hecho de un material especial indestructible.

Y uno, aficionado a la ciencia ficción, se imagina a un Terminator entrando en la Franja de Gaza, analizando cada rostro, cada espacio de terreno, cada ser humano a través de un sistema informático de última generación; o a un Hombre de Hierro surgido de la mente de Stan Lee para luchar contra los enemigos. Pero como también soy aficionado al humor, tiendo a imaginarme a  Ayoub Kara disfrazado del Hombre de Hojalata del Mago de Oz. Conociendo la trayectoria del Estado de Israel, lo extraño no es que tengan un robot de esas características; lo sorprendente sería que no lo hubieran utilizado ya. Pero, eso sí, en absoluto secreto.

Muere el fotógrafo David Rubinger

La fotografía más famosa de David Rubinger no es una de esas instantáneas reconocibles por el gran público. La imagen muestra a tres paracaidistas israelíes frente al muro de las Lamentaciones tras la toma de Jerusalén Este por Israel en la guerra de los Seis Días. Los soldados tienen la vista puesta en distintos puntos del lugar más sagrado del judaísmo, con los cascos aún en su cabeza a excepción del que parece más joven que lo sujeta en posición de ofrenda, la mano ennegrecida de otro de ellos sobre su hombro, orgullosos quizá de haber entrado en la cuidad y poder suplicar a Dios que devolviera la paz a una tierra que no la tiene cincuenta años después. Hay un punto de emoción contenida en esas miradas, de calma posterior a la tempestad, de búsqueda en el objeto de sus miradas de una razón por la que seguir combatiendo. Era el 7 de junio de 1967. La imagen se convirtió pronto en uno de los retratos emblemáticos del conflicto, quizás no sólo del que enfrenta a árabes e israelíes sino de todos los que se vivieron el siglo pasado: guerra y religión unidas en el enfrentamiento entre seres humanos.

Nacido en junio de 1924 en Viena, Rubinger huyó del nazismo y se instaló en Palestina en 1939 —aún bajo mandato de los ingleses—, sirvió en la brigada judía del ejército británico durante la Segunda Guerra Mundial para dedicarse posteriormente a la fotografía y trabajar, entre otros medios, para la revista Time Life. Durante 50 años cubrió guerras, la migraciones judías procedentes de Europa, Rusia o Etiopía, y otros momentos históricos del recién nacido Estado hebreo. Es considerado, de hecho, como el fotógrafo que mejor ha documentado los momentos cruciales de Israel a través, dicen, de más de medio millón de imágenes. Su fallecimiento ayer en Jerusalén a los 92 años nos deja sin esa mirada interrogante de los grandes fotógrafos.

© Fotografía: AFP