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A través de la ventana

El viento hace bailar las ramas de los árboles, las hojas meciéndose como los flecos de aquel vestido de Ginger Rogers en Sombrero de copa. Veo los árboles danzar al compás del viento desde la ventana y me acuerdo de Fred Astaire entonando las primeras estrofas de Cheek to cheek, la canción de Irving Berlin.

«Heaven, I´m in heaven. And my heart beats so that I can hardly speak.»

Pregunté en una ocasión a mis compañeros del euskaltegi si conocían a Ginger y Fred, una de las mejores parejas de baile que ha dado el cine. Me miraron con ojos de ignorancia, y más cuando supieron que eran actores de filmes en blanco y negro. Ufff, yo no veo películas si no son en color, me dijo uno. Son muy antiguas, opinó otro. La media de edad de la clase no sobrepasaba la treintena, quién sabe si menos, por lo que entendí que de no ser grandes cinéfilos no se acercarían a historias anteriores a los años setenta (del siglo pasado). Ha llovido demasiado desde entonces. Casi tanto como la primera vez que me senté frente a una hoja en blanco con intención de escribir. Y aunque los recuerdos se mezclen como hoy delante de esta ventana en un pueblo de alta montaña.