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Nuestras electas aves de rapiña

No te molestes en abrir el periódico. Las noticias van a ser las mismas. Antaño era el terrorismo, los crímenes de ETA, esa especie de nebulosa que lo envolvía todo con sus muertos y sus eufemismos de vanguardia; ahora es la política, los repetidos casos de corrupción de tipos apátridas que en el pasado alentaban el patriotismo, o las vergüenzas de políticos desvergonzados cuyo único objetivo es perdurar. Te has acostumbrado a las neblinas informativas, a los temas repetidos, machacones, soporíferos, a los oradores de tertulia, al racarraca de rostros que se esconden tras intereses ideológicos y partidistas. Los diarios, las televisiones, se han convertido en el Hola de la vida social de esos miembros elegidos por un Pueblo —con mayúscula, eso sí— al que sólo recurren para subrayar que les has votado, que tienen legitimidad para mantenerse, que son tus representantes.

Dice Europa —y no lo olvides, es a la que has cedido tu soberanía popular—, que España ha de realizar las reformas necesarias para reducir el déficit público. El país tendrá que apretarse el cinturón, bajar los sueldos, aumentar los años de cotización, subir los impuestos, —desde luego el IVA—, o crear unos nuevos, todo en pro de unos ajustes de alrededor de 5.500 millones de euros. Cifras estratosféricas, de ésas que se le escapan a tu cerebro pequeñoburgués. Y claro, rápidamente todos los representantes del Estado, de las autonomías, de los ayuntamientos, han sacado sus ábacos escondidos bajo la alfombra. Para hacer números, y para reducir los gastos, los suyos imagino, los de todos. Y ya se han hecho públicas las primeras conclusiones: el Parlamento vasco aumentará el número de asesores de 49 a 54, con una carga presupuestaria añadida en esta legislatura de 1,25 millones. El chocolate del loro, que dirán algunos. Todo está en el presupuesto, añadirán otros. Somos la avanzadilla del Estado, subrayarán los más liberales. Porque los recortes siempre son para el Otro.

Por el momento, el país ha permanecido adormecido, atontado por la falta del Gobierno, por el bloqueo y demás términos de uso común entre los contertulios —de plató y de barra—; a partir del sábado oirás palabras como acuerdo, diálogo, futuro, desarrollo… que se unirán a otras para remarcar un único mantra: “el bien del país”. No despiertes, mantente en la ficción, duerme tranquilo, ya están aquí, han vuelto. Lo hacen todo por tu bien…

La Banca gana

Uno piensa en ruletas, en juegos de cartas, en casinos y la mente le lleva por viajes a películas que vio en su momento, de las que disfrutó o se dejó engañar. Trucos de magia, giros de guión, sorpresas de última hora que hacen que los timadores —normalmente los buenos— acaben desplumando al villano, a la entidad financiera, al poderoso dueño de un gran casino en Las Vegas, al rico magnate. Y entonces trae a la memoria filmes americanos: La cuadrilla de los once (en el que coincidieron algunos de los artistas que componían el Rat Pack de Las Vegas: Fran Sinatra, Dean Martin, Peter Lawford y Sammy Davis Jr.), que daría luego lugar a la moderna Ocean´s Eleven (y sus secuelas); y por supuesto, El golpe, ese engaño contado con la maestría de un buen guionista y los rostros de Robert Redford y Paul Newman, entre otros. Todo consistía en saber que la lucha era siempre contra la Banca, contra el poderoso, y que éstos tenían todas las probabilidades de ganar. La Banca gana, decía el croupier mientras pulsaba un botón bajo la mesa para que la bola saltase del negro al rojo, de un número a otro, que impidiese al protagonista llevárselo todo. O hacía un juego de manos y cambiaba la carta como un vulgar fulero ante la mirada de sus jefes que lo observaban como un Gran Hermano en circuito cerrado.

Es curioso que una vez se ha sabido lo dictaminado por el abogado general de la Unión Europea, Paolo Mengozzi, sobre las cláusulas suelo, en España todos los periódicos han recurrido a la misma frase: La Banca gana. Así lo hace. Siempre. Porque el jurista italiano —cuyas recomendaciones no son vinculantes pero suelen determinar lo que opine el Tribunal de Justicia de la UE—dice que los bancos no deben devolver a los consumidores el dinero de las cláusulas suelo anteriores al 9 de mayo de 2013 —fecha establecida por el Tribunal Supremo español— ya que supondría poner en peligro la estabilidad del sistema financiero. Aplicar con retroactividad la sentencia del Supremo añadiría otros 4.500 millones de euros a los 5.000 millones que los bancos tuvieron que devolver a sus clientes por engañarles con cláusulas abusivas.

La pregunta queda en el aire: si la cláusula era abusiva después de esa fecha, por qué no antes. Sencillamente, porque serían mayores las repercusiones macroeconómicas sobre un sistema bancario ya de por sí debilitado. Dicho de otro modo: el abogado general de la Unión Europea permite con el botón bajo la mesa que la Banca gane y que el consumidor no pueda contar con la total protección de los poderes públicos cuando es víctima de un abuso. Puede que sea un romántico, o un inocente peligroso, pero ante la fullería de los bancos y la connivencia política uno se siente con ganas de convertirse en Danny Ocean. Y hacer saltar la Banca. Aunque sólo sea en la ficción.