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Un año de emociones editoriales y falsas novelas negras

En abril del pasado año El Desvelo publicaba El hacedor de titulares, una falsa novela negra, una novela periodística, una historia sobre periodismo cultural, que comenzamos a escribir la periodista Elena Sierra y yo como un juego de dos plumillas que deseaban contar su día a día y de paso plantear un particular caso de corrupción ocurrido en Euskadi. La precariedad laboral, la aparición de términos de posterior uso común —aquellos ERE que desconocíamos y que se convirtieron en acrónimos que escondían la verdad de los despidos— o la situación de la cultura en nuestro país eran algunos de los temas que pululaban en la novela. Y todo ello regado con dosis de humor, ironía y, en algunos casos, algo de sarcasmo.

El libro funcionó, tuvo la aceptación de los medios e incluso recibimos críticas positivas de lectores que se habían dejado enganchar por la relación prefesional de Erika Doval y Alberto Pilares. Hubo personas que me preguntaron qué partes de la novela correspondían a Elena Sierra y cuáles había escrito yo. O las dificultades de escribir a cuatro manos, al alimón, como indicó Xabier López López en la presentación que hicimos en A Coruña —porque parte de la novela transcurre en tierras gallegas—. En uno de los encuentros con lectores, uno de ellos me preguntó si el personaje de Pilares volvería a salir en alguna novela futura y yo le dije que sí, que esa era la idea, pero que primero habría que escribirla. Y en ello estoy, aunque con la calma que da no dedicarme profesionalmente a ello.

Lo cierto es que el concepto de falsa novela negra ha formado parte de mi manera de entender mi escritura. Hay en muchos de los libros que he escrito una muerte o el intento de resolver un misterio. Aunque siempre suele ser una excusa para hablar de otras cosas. Porque lo que me interesa realmente es lo otro, lo que rodea a la investigación.

Quizás por eso Ausentes del cielo sea la novela que más se aleja de todo lo anterior. Aunque a la vez se le parezca. La historia nace con un crimen: Andrés mata de tres tiros a un miembro de la izquierda abertzale en una manifestación. Una acción que provoca que el Departamento Antiterrorista de la Ertzaintza se ponga en marcha para atrapar al culpable. El caso pasa a manos del inspector Vidal, cuya vida ha dado un giro de ciento ochenta grados desde la marcha de Nuria, su pareja. De nuevo, la búsqueda del asesino da paso a una historia de relaciones, la de Vidal con Nuria, por un lado, y la de Andrés con Puri. De ahí que me guste definir Ausentes del cielo como una historia de amor en tiempos convulsos. La descripción de un amor no correspondido y de una ausencia.

Esta es y fue mi intención a la hora de escribir. Con la novela ya en la calle, que sean ahora los lectores quienes decidan si lo que prevalece es lo policiaco o lo que de personal e íntimo mueve a los protagonistas.

 

“La última librería del mundo” surge del frío

En marzo Rax Rinnekangas estuvo de visita en Bilbao para buscar espacios en los que proyectar La última librería del mundo, un ambicioso proyecto vasco-finés en colaboración con la productora alavesa Sonora Estudios. Director, fotógrafo, escritor —sus obras Fabricando ladrillos de luz para la casa de Ícaro y La partida han sido traducidas al castellano por la editorial El Desvelo—, desde 1999 dirige con su mujer, Arja Rinnekangas, Lurra Editions, un nombre vasco que nace de los cinco años que vivieron en Euskadi y de su amor por esta tierra. La editorial pretende difundir la literatura europea de calidad, con escritores en su mayor parte alemanes —Thomas Bernhard, Pete Handke, Martin Walser—, aunque en su catálogo destaca la presencia del guipuzcoano Joxemari Iturralde. Rinnekangas cree que nos encaminamos inexorablemente hacia la extinción del libro en papel. Su último largometraje alerta de este peligro. “Desde hace veinte años la literatura de calidad mundial en formato papel tiende a la baja”, apunta el director. “Las grandes editoriales publicaban a autores como Peter Handke, pero al ser escritores que venden poco, se han visto recluidos en sellos como el nuestro. Hoy en día el mayor contenido literario está en editoriales pequeñas. En Finlandia viven alrededor de cinco millones de personas. Antaño podían venderse unos 800 ejemplares de Handke; hoy apenas 200. Y es algo mundial. Las librerías a pie de calle están muriendo, Internet se ha convertido en una tienda invisible que está produciendo un efecto en la literatura. El lector actual es como un niño que no madura, al que le falta educación lectora. Y la política tiende a que los libros el papel desaparezcan: en Alemania ya hay planes para una nueva quema de libros, pero no con intención ideológica, sino porque han perdido importancia en favor de Internet. No hay sótanos, ni almacenes donde guardar toda la producción literaria en papel. Con un ordenador basta. Ese es el futuro. La última librería del mundo narra la historia de cuatro personas que viajan por el desierto buscando un lugar remoto donde levantar una librería en la que almacenar los últimos libros de calidad y esperar a sus lectores”.

En opinión de Rinnekangas, su película es un manifiesto. “La lectura en papel necesita una actitud, una capacidad de reflexión y pensamiento. Si los perdemos también perderemos la civilización, el entendimiento de otras culturas a través de la traducción, no surgirán preguntas cómo quiénes somos o hacia dónde vamos. Durante ese viaje, los protagonistas del film hablan sobre la importancia de la lectura, sobre la historia de la literatura o de los libros que han cambiado su vida, uno de ellos, Obabakoak.”

El largometraje se ha rodado en Los Monegros, Las Bardenas Reales y en la librería Astarloa de Bilbao. “Estamos organizando una red de cien espacios de proyección, a la que ya se han apuntado Canadá, Portugal, Suiza, Alemania o Turquía. En abril difundiremos un teaser de siete minutos para encontrar otros países. Y queremos que se proyecte en Bilbao. Las proyecciones serán entre octubre de este año y mayo de 2018, y nos gustaría contar con escritores locales, que se organicen charlas, coloquios con el público. La película va a tener subtítulos en castellano, francés, inglés, alemán, finés y sueco. Y si hubiera financiación, en euskera. Nuestra intención es que el mayor número de personas hable de la película como un proyecto solidario en defensa del libro.”

Publicado en el periódico Bilbao en mayo de 2017.

(Fotografía de Miguel San Cristóbal)

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