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El vértigo de publicar

Ya está impreso, aunque aún le queden unos días para asaltar las librerías. A mediados de semana recibí por guasap una imagen de Roberto Lastre, editor de Arte Activo, en la que se veía un ejemplar de Cuerpos de mujer bajo la lluvia. Decía que había quedado «precioso», un apelativo que no dejó de llamarme la atención por lo sencillo y cercano, como de editor que quiere hacer las cosas bien. Después lo llevó de copas, le sacó fotos en los bares, junto a una cerveza, rodeado de dos copas de vino, como si fuese un amigo al que invitas al poteo. Hay quien compara la publicación de un libro con un parto, simil burdo que evidencia que tenerlo entre las manos, o verlo ya editado (en papel, para qué nos vamos a engañar) es una mezcla entre ilusión y desbordamiento. Y luego, al ver los ejemplares apiñaditos en una torre a la espere de que el lector lo juzgue, la sensación es de vértigo, de miedo escénico. El libro, en eso sí estoy de acuerdo, ya no me pertenece, al menos no en su totalidad: pertenece al lector, juez último de tu trabajo.

Como miembro de ALEA, me pareció que la presentación inicial tenía que ser en ese entorno en el que llevo varios años, como profesor de los talleres Espíritu de la alhóndiga, primero, como asociado después. Una presentación en familia, por decirlo de alguna manera. Y había nervios, incluso aunque no lo pareciera. Todo libro es desnudarse en público, y más para los que escribimos desde la verdad —un guiño para los que ya saben a qué me refiero—. Tenía la seguridad de que estaría bien arropado por la poeta Itziar Mínguez, encargada de hacer la presentación —qué decir de alguien que es capaz de desmenuzar con tanto acierto (y sin hacer spoilers) lo que a uno le ha llevado años construir—. Y quiero creer que Cuerpos de mujer bajo la lluvia no se hubiera publicado sin la fe del editor, sin la complicidad de Marta Pérez Elosua —que dibujó en su mente una portada y la hizo realidad—, y sin el empuje de quien con su lectura detallada y voraz me tranquilizó diciéndome que era una gran novela. Qué importante es cuando cuentas con el apoyo y la crítica sincera, cuando te ayudan a mejorar como escritor.

Ahora que se han mitigado los nervios de la primera presentación es el turno del lector.

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