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Calles con nombres ilustres

Comparto algunas de las ideas que hicieron que Luis Eguiluz, concejal del PP en el Ayuntamiento de Bilbao, pidiera que se eliminaran del callejero bilbaíno los nombres de personajes como Sabino Arana, La Pasionaria o el General Zumalacárregui. Y no porque no merezcan un hueco en las calles de mi ciudad. Tienen tanto derecho a decorar con su nombre una plaza como podría tenerlo el camarero que nos atiende con una sonrisa cada mañana. Personalmente, los tres me parecen igual de ajenos, igual de equivocados, y sobre todo, reflejo de una época que me resulta lejana. Aunque no deja de ser paradójico que nombre una calle el general carlista que intentó tomar Bilbao en uno de los Sitios del siglo XIX y se la quitasen sin embargo a quien la liberó. Imagino que a los concejales de 1979, el general Espartero no les parecería ni demasiado nacionalista y muy poco vasco, frente a Juan de Ajuriaguerra, presidente jeltzale en el exilio. Porque es éste el meollo del revuelo que ha causado la propuesta de Eguiluz: que los tres candidatos a desaparecer de las calles de Bilbao encierran una ideología que no tenemos por qué compartir. Que se le dé una calle a un político, un militar o un pensador depende del color que en ese momento tiña el pleno del Ayuntamiento. De ahí que muchos  se llevasen las manos a la cabeza al ver a Rafael Sánchez Mazas con su propia calle. Un falangista, por Dios; sí, pero también el autor de La nueva vida de Pedrito Andía y colaborador habitual de la revista Hermes. O como apuntó el difunto alcalde Azkuna, «un buen escritor». Y por eso mismo no nos sorprende que representantes de la izquierda abertzale deseen eliminar del callejero a los Reyes Católicos, «por haber sido una imposición durante la dictadura». Seguramente tendrán en mente otros nombres más cercanos y de infausto recuerdo. Lo ideológico ensucia muchas de las propuestas, obviando los logros para recalcar su valor político, cuando las calles, plazas públicas o parques tendrían que iluminarse con personas que con su esfuerzo ayudaron a levantar una ciudad o a exportar su buen nombre.