Richard Sahagún

Actor y dramaturgo

Mediodía, sol, una mañana que parece de primavera aunque el camino de acceso a Zorrotzaurre aparezca poblado por las primeras hojas caídas del otoño. A un lado el puente Frank Gehry, a la izquierda una ría radiante, y tras unos metros de amable paseo La hACERÍA Aretoa, uno de los espacios pertenecientes al proyecto Zorrotzaurre Art Working Progress (ZAWP). El actor Richard Sahagún (Bilbao, 1975) lleva un año como director artístico de La hACERÍA, donde había estrenado una obra de Juan Mayorga. “Fue toda una sorpresa que me brindasen la oportunidad de impulsar un tipo de teatro que me gusta. Salas como La hACERÍA te permiten ver los ojos del actor, ver su verdad; estás a pocos metros del escenario, sientes si el actor se está limitando a leer el texto o lo está viviendo”, señala emocionado un actor que ha visto cómo la sala ha empezado la temporada con varios llenos debidos al boca a boca. “Para mí es una maravilla que el nivel suba tanto en calidad como en público. Creo que se está produciendo una ruptura con ese teatro más comercial, que el público empieza a buscar textos que le toquen la fibra, y ven que aquí hacemos obras muy cuidadas, cercanas al espectador, un concepto muy argentino del Sportivo Teatral de Ricardo Bartís”.

En este sentido, Sahagún quiere hacer un teatro “de miradas, que la atmósfera se genere en base a cómo se miran los que están en él; estar en un teatro pequeño quizás sea una desventaja a nivel de facturación, pero nos da la libertad de que actores y espectadores se miren de verdad”. De ahí nace también la idea de crear una compañía estable con el mismo nombre del local a través de la cual los actores tengan “una especie de estabilidad, saben que la compañía va a llevar un repertorio”. Y como director artístico de La hACERÍA quiere crear varias secciones: una vez al mes una obra en euskera, “y otambién mensualmente traer esas pequeñas joyas que se hacen en el off Madrid en salas pequeñitas como La pensión de las pulgas, la Kubik Fabrik, La Casa de la portera (ya desaparecida), Nave 73, La cuarta pared o el Teatro del Barrio de Alberto San Juan”.

Vida de actor

Sus primeros pasos como actor los dio con apenas doce años en el grupo scout Goizalde de Otxarkoaga. “Improvisaba sketches delante de mis compañeros. Tenía esa necesidad, un punto de bufón o de payaso que hiciera reír al público. Pero no sabía qué era actuar”. La vida le llevó a trabajar para pagarse las clases que ratificaran su vocación. “Dar mi primera clase fue algo mágico. Lo llevaba dentro. Sé que soy actor y moriré actor, da igual si me va bien o mal”, asegura. “Pero ser actor no es fácil porque cuando no se tiene trabajo tiendes a caer en la depresión, en la medición del otro, en la envidia del ego”.

Esta necesidad “de alimentarse artísticamente” le ha llevado a ejercer de dramaturgo y pedagogo. “Muchas de mis obras nacen de un laboratorio teatral de investigación que imparto”. Encontró en él a un grupo de cinco actrices y un actor “salvajes”, que le llevaron a escribir una obra que se adecuase a ellos, ya que “desgraciadamente no hay muchas obras en las que predominen los papeles femeninos”. Fue cuando surgió La tristeza del caracol, la historia de cinco enfermeras en un contexto de guerra y su relación con un desertor. “Un concepto muy contemporáneo que me gusta en la línea del Nuevo Teatro de Riga de Alvis Hermanis o del polaco Krystian Lupa”.

La tristeza del caracol fue el espectáculo fundacional que les animó a crear la compañía teatral La hACERÍA. Aunque Richar Sahagún no se considera director, y por eso a los actores suele dirigirles como a él le gustaría que lo hiciesen. “El actor es un material sensible. Tanto en la enseñanza como en la dirección hay que decir las cosas muy claras, evitar las confusiones, lograr que se sienta cómodo. Pero como actor es donde yo vuelo, en una especie de trance en que no tienes noción de derecha o izquierda, notas como que se para el tiempo y eres el centro del universo, de las miradas. Como dramaturgo me gusta ver lo que has pensado en escena, como pedagogo ver crecer a un actor. Y creo que es fundamental saber dirigir a los actores: un guión malo con buenos actores lo puedes defender, pero no al revés. Una buena dirección de actores te lleva a que entiendas que una película como Faces, de John Cassavetes, sea una obra maestra”.

En la actualidad participa como protagonista en el segmento de Enrique Urbizu dentro de la película Bilbao, exterior, día. Porque para Richard Sahagún este año está siendo “mágico”: ha participado en el rodaje de la serie El misterio del tiempo, en la película para televisión Teresa a las órdenes de Jorge Dorado, en Gernika de Koldo Serra. Además sus dos obras como dramaturgo y director, La tristeza del caracol y El abrazo de Heróntidas, están teniendo muy buena acogida lo que le ha permitido cerrar una gira por varios teatros andaluces. “Cuando menos te lo esperas de repente te empiezan a llamar. Ha surgido así mucho trabajo delante cámara, que me ha dado mucha visibilidad entre el público. Es una cosa que tendríamos que plantearnos como sociedad; los ingleses por ejemplo ven en el teatro ese punto máximo de dignidad como actor, y se vuelcan en ir al Barbican a ver a Benedict Cumberbatch no haciendo de Sherlock Holmes sino de Hamlet”. Entre sus colaboraciones además se cuenta la webserie Fantasmagórica para Juan Flahn “que ha sido como una locura”. Y he hecho con Borja Crespo Neuroworld dentro del marco de Little Secret Film”. Un buen año que espera que continúe desde La hACERÍA y delante de las cámaras.