José Javier Abasolo

Escritor

A día de hoy podríamos decir que José Javier Abasolo (Bilbao, 1957) es uno de los escritores que mejor se manejan en la novela negra en Euskadi. Lo demuestran títulos como Heridas permanentes, El aniversario de la independencia o Nadie es inocente, por citar algunos de sus catorce libros. Con Lejos de aquel instante, su ópera prima, obtuvo en 1996 el Premio de Novela Prensa Canaria y resultó finalista del Premio Hammet de Gijón. “Tuve suerte”, dice con humildad, “porque el premio permitió que me publicaran”. Años después lograría el García Pavón por Antes de que todo se derrumbe, “una novela que tenía algo de género aunque no convencional y que el jurado definió como novela policíaca”, apunta. En los últimos años se ha atrevido con un western (Una del Oeste) y ha publicado cuatro entregas sobre el ex ertzaina metido a detective Mikel Goikoetxea, alias Goiko: Pájaros sin alas, La luz muerta, La última batalla y la reciente Demasiado ruido.

Licenciado en Derecho, su interés por la escritura vino de su intento de probar si podía escribir sobre lo que le apasionaba. “Me decanté por el género negro porque me salía casi de forma natural. Tenía en casa novelas de Agatha Christie, de Conan Doyle, las leía, me entretenían. Luego fui acercándome a otro tipo de autores, a preguntar en las librerías, a decantarme por un estilo. Leía de todo. Solía comprar libros de Austral, que tenía una colección muy heterogénea, y mi padre era del Círculo de Lectores. Si se le olvidaba pedir un libro le enviaban la recomendación del mes, por lo que la biblioteca de casa era de lo más variada, desde Una histoira de Inglaterra, de André Maurois, que leí varias veces a novelas de todo tipo”.

Su acercamiento al género negro fue, sin embargo, gracias a Tatuaje, de Vázquez Montalbán. En un artículo de prensa que leyó poco después se decía que el escritor barcelonés “estaba trasponiendo a España la novela negra americana, lo que me llevó a los clásicos norteamericanos. Pero antes ya había leído a autores de la transición como Juan Madrid o Andreu Martín”. Realmente, Abasolo escribe novela negra porque le gusta, disfruta con lo que hace, aunque no se cierra a otros géneros. “Si en alguna ocasión encuentro que una historia llamémosla convencional tiene posibilidades la escribiría. He escrito poesía, o mejor dicho, poemas, que creo que no es lo mismo, pero es que eran malos con avaricia. También relatos, pero más por descansar de la novela o mantenerme entrenado. Tengo un relato largo muy dialogado que quizás se podría teatralizar, pero no me veo escribiendo directamente teatro. Si me preguntaran cómo me veo diría que escribo novela negra, que ya en sí ya es una definición”.

La realidad y sus historias

Una de las preguntas más habituales que suelen hacerle es sobre el origen de los argumentos, “y no es que no quiera decirlo pero es que surgen muchas veces de los luegares más insospechados, de noticias de los periódicos, por ejemplo. El tema de mi última novela, Demasaido ruido, se me ocurrió a partir de uno de esos ataques de grupos neonazis a un mendigo que dormía en un cajero. Y Una decisión peligrosa, que es una ucronía, nace de mi gusto por la historia y del hecho curioso de que en un país tan católico como Euskadi la primera biblia en euskera se debió a un pastor protestante. Pero esos son sólo el inicio, la idea de la historia; luego, si se me ocurre algo, me pongo a escribir, si veo que avanzo sigo; si no, lo dejo. A veces me he atascado en una novela y he podido continuarla al de dos o tres años”.

Caso aparte es el de Goiko, el detective que protagoniza cuatro de sus últimos libros. En otras de sus obras podían aparecer personajes repetidos, pero “era casi por vagancia. Si había escrito sobre un policía de unos cincuenta años y de Albacete, y necesitaba otro de las mismas características pues no me inventaba uno nuevo. Cuando escribí Pájaros sin alas, la primera de Goiko, no tenía tan claro lo de la serie, aunque me daba la impresión de que era un personaje con recorrido. De hecho, escribí las siguientes novelas sobre él con cierta facilidad. El problema de las series —que a mí como lector me gustan mucho— es que corres el riesgo de repetirte. E intento no escribir siempre lo mismo”.

Para Abasolo, las claves de la novela negra son muy parecidas en todos los países, pero cada uno las adapta a su realidad social. “Lo que distingue a unas de otras es el paisaje y el paisanaje. Cuando lees novela negra americana, francesa o nórdica conoces cómo son esos países, sus costumbres, sus preocupaciones. A mí me gusta leer de zonas poco habituales, ubicadas en África y escritas por un africano, por ejemplo, porque ya sabemos que los americanos escriben novelas y las ponen en el Polo Norte si hace falta. En una de las primeras que leí de Semiónov, un escritor ruso de la época de la Unión Soviética, el delito más grave que aparecía era el atentado contra bienes del Estado, una muestra de las circunstancias de cada país”.

Abasolo intenta retratar su entorno, el Bilbao que conoce, una Euskadi en que se habla ya de literatura negra vasca. “Empieza a haber escritores vascos de género muy aceptables, pero desconozco si se llegará a conseguir una etiqueta como la novela negra nórdica o el tartan noir escocés. Me gustaría que hubiera escritores muy malos de literatura policíaca porque de la cantidad sale la calidad. En Euskadi cada vez hay más y en general de calidad: y eso favorece el interés del público”.