Harkaitz Cano

Escritor

El escritor guipuzcoano Harkaitz Cano publica el libro de relatos “El turista perpetuo” (Seix Barral)

El turismo, y por extensión las vacaciones, son el tema central del nuevo libro de Harkaitz Cano, un puñado de relatos que vio la luz hace dos años (Beti oporretan) y que se publica ahora en castellano bajo el título de El turista perpetuo. Traducido por el propio autor, “antes tendía a alejarme más del original, pero con el tiempo creo que me he convertido en un traductor más fiel. Tiene que ver quizás con cuestiones técnicas, pero también con el hecho de aceptarse a uno mismo y a reconocer tu propia voz en el espejo de la traducción. El título es una versión bastante libre”.

Un título que recuerda al de una película de Lawrence Kasdan, El turista accidental. No sé si la ha tenido en cuenta…

Por supuesto. En euskera remitía a Permanent Vacation, de Jim Jarmusch, y en este caso es un pequeño guiño a Kasdan, un oxímoron: por definición, se es turista siempre de forma efímera…

En todos los cuentos el lector piensa que algo puede ocurrir, y no siempre agradable.

Cuando uno se ve obligado a pasárselo bien, como en el caso de las vacaciones, la decepción puede ser doble si se ven defraudadas las expectativas. En algunos de los relatos hay cierta lucha por hacer durar lo que está a punto de expirar: la niñez, la adolescencia, la amistad… Siempre parece haber una tensión que indica que aquello a lo que más tratamos de aferrarnos se nos escurre entre los dedos más deprisa.

En el libro hay viajes obligatorios (“El puente del 1 de mayo”), otros más tradicionales (“Las llaves de casa”). ¿Es el turista el viajero del siglo XXI?

He tratado de entrar en el “reverso tenebroso” de lo vacacional. Llama la atención lo mal que tratamos a los turistas, cuando en realidad todos lo somos… Es difícil ser “viajero” cuando el mundo se ha globalizado tanto y todos actuamos en función a unas expectativas un tanto impostadas, ya sea como turistas o como lugareños que los reciben. El turista nunca llega a la cara oculta de la Luna, y el lugareño rara vez se la quiere mostrar. Ése es el juego.

¿Pensó en el libro como una unidad?

No concibo así los libros de relatos: voy escribiendo cuentos que luego se van agrupando por temas. En este caso una atmósfera común, una vibración solar, un entorno de playa, río o piscina…

¿Qué mueve a sus personajes a convertirse en turistas?

Aquel con el que más me identifico es el personaje del último relato (“Aullad, estrellas”), un escritor retirado del mundanal ruido que deja de escribir para leer y comer cangrejo. Otros tienen motivaciones más oscuras: como una tal Angela Merkel atrapada en plena canícula en un atasco en Biriatou…

Uno de los relatos (“Boeing 767”) llama la atención por su estructura, casi un monólogo interior…

El relato permite esta serie de excesos. El tópico dice que cuando uno va a morir ve pasar su vida como si fuesen diapositivas; pero, ¿por qué esperar al momento de tu muerte si podemos hacer lo mismo con un relato? La apuesta es sintonizar con cada uno de los pasajeros de un avión a punto de sufrir un siniestro.

¿Tiene claro el género cuando escribes o alguno de estos relatos le hubiera dado para un texto cercano a la novela?

Me lo han preguntado bastante, y puede que así sea. Quiero pensar que el lector puede hacerse una idea bastante clara de todo lo que falta. El escritor de relatos es un ser propenso a la pereza (podría seguir, pero prefiere no hacerlo), pero también generoso (le horroriza aburrir e intenta darte diferentes historias en dosis homeopáticas). Si alguien se anima a hacer la versión cinematográfica de alguno de los relatos, estoy dispuesto a alargarlo…

La entrevista apareció en el suplemento “Pérgola” del periódico Bilbao del mes de julio de 2017

La fotografía del autor es de Elena Blanco (Seix Barral)