Mikel Badiola

Presidente de la Comisión de Bizkaia de la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País

Hay instituciones que permanecen arraigadas en el tiempo, a veces sin excesivas alharacas, construyendo los cimientos que mejoren el entorno en que se asientan. La Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País es una de ellas. Su empeño —en apariencia demodé a día de hoy pero cada vez más necesario—: dibujar con trazo fino un sendero de conocimientos y estudios para el fortalecimiento sociocultural de nuestra sociedad.

Constituida en 1764 por los llamados ilustrados vascos, y gracias al protagonismo de Xavier María de Munibe, conde de Peñaflorida, La Bascongada nació “como una forma de superar los problemas económicos y sociales del momento”. Así lo cuenta Mikel Badiola, presidente de la Comisión de Bizkaia de la Sociedad. “Existía un enorme interés de avanzar en lo cultural, lo social y lo económico”. De ahí que entre sus miembros estuvieran importantes reformistas como Foronda, Villahermosa, Meléndez Valdés o el fabulista Félix María de Samaniego. También mantuvieron contactos con extranjeros ilustres como Rousseau. “Era una época en la que corrían los vientos de la ilustración”, apunta Badiola, “y había un interés cada vez más profundo por la economía, la ciencia o la cultura”.

Este interés llevó a la fundación del Real Seminario Patriótico de Vergara, un centro que “seguía el modelo de las academias españolas o francesas” en el que se enseñaban desde materias clásicas hasta geografía, ciencias experimentales, matemáticas… “Un lugar parecido a la universidad de hoy en el que se impulsaba el conocimiento, y en el que destacaron aspectos de tipo científico. Así, por ejemplo, en 1783 los hermanos Fausto y Juan José Delhuyar lograron aislar en sus instalaciones un metal nuevo llamado wolframio o tungsteno, que luego formaría parte de la tabla periódica”.

Se trataba de un instrumento para el progreso y desarrollo de los tres territorios vascos. “De ahí que en su emblema —tres manos unidas a las que rodea un lazo con un lema— se lea Irurac bat. Sus miembros eran gente de clase media-alta, que había participado en asuntos públicos, conocían bien la administración o tenían contacto con ella; un poco el reflejo de esa ilustración que quería impulsar la res publica, la cosa pública”, lo que se conoce en la actualidad como lo público. “Por ello, en su discurso inicial el conde de Peñaflorida hablaba de ser buenos republicanos”, subraya Badiola.

Estructura y modernidad

La Bascongada es una asociación civil estructurada en tres comisiones —una por territorio—, una delegación en corte ubicada en Madrid “cerca de lo que era la administración real de entonces y que agrupa a gente que reside en la capital y que tiene vinculación con el País Vasco”, y una dirección común a toda la Sociedad, rotatoria entre las comisiones. El próximo mes de junio termina el mandato de la dirección por la comisión de Álava y entra la de Bizkaia, a la que le tocará nombrar director.

La Bascongada organiza todo tipo de actividades, “fundamentalmente conferencias, tertulias o exposiciones sobre temas como biología, ciencias, medicina, historia jurídica… En breve celebraremos una sobre el mal llamado blindaje del Concierto económico”, anuncia Badiola. Las charlas suelen celebrarse “en la sala de Bilbao que nos cede Juntas Generales, y en ocasiones se llevan a cabo acuerdos puntuales con otras instituciones como Euskaltzaindia o el Club Marítimo del Abra. En el ámbito del Derecho Civil Foral Histórico, por ejemplo, firmamos un convenio con el Parlamento Vasco, dirigido por Itziar Monasterio, amiga de la comisión de Bizkaia. Se llevaron a cabo actividades de investigación de archivos históricos, registros, escrituras notariales antiguas…” Un convenio que ha dado paso a otro sobre el futuro del Derecho Civil Foral, con la organización el pasado mes noviembre de unas jornadas que trataron el tema. Históricamente La Bascongada ha tenido protagonismo en la actualización del Derecho Civil Foral. “Incluso cuando se creó la Academia Vasca de Derecho, hubo personas que habían trabajado sobre ello para La Bascongada y luego lo hicieron en la AVD. Por ello se dice que la AVD es en alguna medida hija de La Bascongada”.

Badiola es consciente de que los tiempos han cambiado, y que la Sociedad ha ido perdiendo peso, pero su idea es seguir expandiéndose con la llegada de nuevos socios y la apuesta por la juventud. “En la comisión de Bizkaia somos 232 amigos, más de seiscientos en toda La Bascongada”, subraya. Es cada comisión la que plantea la entrada de socios en función de sus logros culturales, económicos, sociales… Una vez aceptado, el nuevo amigo, sin distinción de hombre o mujer, se convierte en supernumerario; y tras un mínimo de dos años, en amigo de número, reconocimiento que le permitirá votar y ser votado. Para ello deberá impartir una conferencia en la que diserte sobre un tema de libre elección. Existen también otras categorías para gente más joven o patrocinadores. “Sabemos que nuestra asignatura pendiente es la juventud; quizás no hemos sabido transmitir adecuadamente lo que somos. Pero el futuro de La Bascongada está en la juventud. Creemos que tenemos aún mucho que aportar a nuestro país, porque aunque seamos una Sociedad con solera, muchas veces no es la Sociedad la que da prestigio a la persona sino las personas las que prestigian la Sociedad.”