Una danza tribal para solucionar todos los problemas

Me he encontrado a Montero en la confluencia de las calles Diputación y Gran Vía, con la mirada puesta en el cielo y los brazos en alto. «¿Qué haces?», le he preguntado con un punto de asombro. «Estoy invocando a los dioses», ha respondido, «como Ed Chigliak en Doctor en Alaska». «Para qué». Ha dibujado una mueca y ha modulado la voz como la de uno de esos indios que aparecen en las películas: «Rostro pálido no tener fe en los dioses, hablar con lengua de serpiente. Gran Jefe Boca Bits lo ha dejado claro. Con la lluvia la luz baja, con el viento se abarata, con el frío sale cara. Sólo él conoce el baile del que nacen las nubes». Luego, ha arqueado las cejas y ha continuado: «Ya sabes. Si llueve ya no habrá excusas para que baje el precio de la luz. La última ocurrencia de Rajoy. Tenemos un presidente que es como un chamán, el Gran Manitu. Pero me gusta más eso de Gran Jefe Boca Bits, porque nos comemos todas las tonterías que dice como los aperitivos de una trola aún más grande. Y ahí sigue el tío, ya ves, sin que se le derrita la cara de la vergüenza».