Un vermú preparado

Un bar de Madrid, en la calle Alcalá, frente al Retiro, después de pasar calor visitando la Feria del Libro. Uno de esos sitios en los que se mezcla el ambiente de tasca con el de bar de copas.

—¿Tiene vermú de grifo? —preguntamos al entrar. Son poco más de la una de la tarde, una buena hora para el aperitivo.

El camarero nos mira arqueando las cejas.

—No, pero se lo puedo preparar.

Vale, confirmamos. El vermú preparado también nos parece una buena opción.

El barman saca dos pequeños vasos de sidra y vierte en ellos un chorrito de Martini.

—¿Les pongo hielo?

Quizás se refiera a un frappe. Pues sí, asentimos al unísono. Nos gusta el riesgo cuando se trata de bebidas dulces.

Extrae del frigorífico una cubitera con hielos y coloca con tino un par de piedras en cada vaso.

—¿Limón?

—Dale —asentimos, con una sonrisa ya en la boca.

Coge un limón, corta dos rodajas y las deposita junto al hielo en un beso alcohólico. Luego vierte un poco más de Martini para mejorar la mezcla. Deja los vasos y se retira. Vermú preparado con estilo y mucha literatura.