Tradición y modernidad

Una tarde, mientras deambulábamos de vino en vino, un amigo me comentó casi con desprecio que en Bilbao no se organizaban cosas: ni conciertos, ni obras de teatro, ni exposiciones más allá de las programadas por las instituciones de siempre. Que era una ciudad culturalmente muerta. Y era curioso porque a mí me daba la sensación de lo contrario. Que sólo había que rascar. En la zona de Zorrozaurre, por ejemplo, descubrí hace poco gracias a Richard Sahagún la variada programación teatral de La Hacería, incluidos esos viernes de jazz con improvisación final. A pocos metros, Pabellón 6 sigue impulsando un teatro cercano, además de un entorno alternativo. El paseo junto a la ría ayuda a experimentar la sensación de que uno está en un sitio distinto. Caminando por Olabeaga oí decir a unos turistas que Bilbao cada vez se parecía más a Berlín, Burdeos o Manchester. Como no soy dado al cosmopolitismo, sigo convencido de que Bilbao sólo se parece a sí misma. Y menos mal. Y que cualquiera puede encontrar una cada vez más variada oferta de ocio. Sólo hay que adentrarse en la agenda que se publica a diario en los periódicos o la programación de actividades que edita mensualmente el ayuntamiento. Sin ir más lejos, esta misma mañana se ha presentado la programación anual de la Biblioteca Foral de Bizkaia —para los despistados, ese edificio acristalado junto a la Diputación o frente a La Viña—. Treinta y siete actividades distintas entre conferencias, exposiciones, encuentros literarios, concursos, suelta de libros, publicaciones, homenajes… En breve podremos ver la exposición de Marta Pérez Elosua titulada Oihal Artean/Entre Telas: veinte fotografías en gran formato de modelos luciendo los diseños de una decena de jóvenes creadores vascos en entornos escogidos de nuestra geografía: Bilbao, Gernika, Laguardia, el Bosque de Oma, el Puente de Portugalete… Tradición y modernidad de la mano para una ciudad en constante movimiento.