Todas las ideologías caben en la papelera

Ha sido un problema de vista cansada, o astigmatismo, o como le llamen a eso de ir cumpliendo años y ver menos que un topo. Enciendo el ordenador, me conecto a los periódicos digitales y leo un titular que me pone en alerta: “Todas las ideologías caben en una papelera”. Y me digo: por fin alguien ha dado en el clavo de lo que nos pasa a los ciudadanos —la ciudadanía que dicen ahora, por eso de la corrección—. Es como cuando te pones a emborronar un folio en blanco e intuyes que lo escrito hasta entonces no sirve para nada. Lo miras, sientes la inutilidad de horas de trabajo y con desgana, casi con lágrimas en los ojos, haces una bola con el papel e intentas emular sin éxito a Larry Bird.

Pero sigo leyendo y no, en el titular he hecho bailar una letra, que no es papelera, sino papeleta, y que se va a hablar de partidos políticos. Así que me entra la tentación de apagar el equipo —porque lo de tirarlo al cubo me parece pelín exagerado—; pero como soy de los que creen en las casualidades, lo ojeo por encima y veo que no hablan de los partidos de siempre en Euskadi (PNV, EH Bildu, PSE, PP) o de los nuevos (Podemos, Ciudadanos), sino de esa decena de grupos al margen de los seis grandes: el Partido Animalista contra el Maltrato Animal (Pacma), Recortes Cero-Grupo Verde y Ganemos Euskadi: Sí Se Puede, y que se presentan en toda la CAV. También los que sólo lo hacen en Bizkaia y Álava: Ongi Etorri y Escaños en Blanco; en Bizkaia y Gipuzkoa: Familia y Vida; o ésas que se presentan en un territorio: el Partido Humanista y Euskal Komunistak-Partido Comunista de los Pueblos de España en Bizkaia, Libertate Nafarra en Gipuzkoa, y Vox, en Álava. Quizás en ellos esté la verdadera solución, pienso, ya que da mucha pereza ver cómo lo que llaman nueva política no se diferencia demasiado de la vieja, si no fuera por los rostros, que ya no están abotargados tras años de sobremesa y sesteo. La juventud pide paso, reclama su espacio en una política que mantiene a momias adormecidas en los parlamentos. El resto es más de lo mismo: candidatas que proceden de los medios de comunicación, para que podamos hablar de la objetividad del ente público; silencios comprometidos, casi previos a un duelo en O.K. Corral, que demuestran que a nuestra sociedad aún le falta mucho para la cacareada reconciliación y que palabras como terrorismo dependen del bando en que uno se encuentre; y temas tan relevantes para el ciudadano medio como el  derecho a decidir —aún no sé qué esconden esas tres palabras—, la autodeterminación, la corrupción de los otros, el bien de nuestro país, el desarrollo de la economía, el bienestar… Cuando a estas alturas lo más importante es el inicio del Festival de Cine de San Sebastián. Al menos el glamour de las estrellas manchará de colorido esta campaña gris.