Soy un analfabeto ecocómico (o un analfabeto a secas)

En una ocasión, en el colegio, nos preguntaron qué era ser analfabeto. Y nosotros, con ese puntito repelente y sabihondo de los chavales, coreamos que cuando una persona era incapaz de leer y escribir. La maestra asintió y subrayó que por eso era necesaria la enseñanza, y más la obligatoria, porque en los países que la tenían el analfabetismo era escaso. La profesora, sin embargo, añadió otra definición. Según la ONU, una persona analfabeta era aquella que no podía ni leer ni escribir un sencillo mensaje relacionado con su vida diaria. Que era incapaz de adaptarse a los cambios vitales de una sociedad en plena evolución. Así, con el tiempo comenzaría a hablarse de los analfabetos digitales, aquellos que no poseían los elementos para moverse a través de las nuevas tecnologías, especialmente Internet. Pero es tal el estado de las cosas en el mundo de hoy, que tendríamos que comenzar a acuñar nuevos términos, como el analfabeto económico, jurídico, informativo o ideológico. Sobre estos últimos, me sorprende que la ideología marque de tal manera a una persona que no entienda que tus ideas siempre van a verse contrapuestas a otras y que, por tanto, levantarse de la mesa cuando empieza a hablar otra persona —después de haber soltado tu discurso o haber desafinado cantando un himno— es simplemente una falta de respeto.

Cada vez que leo ciertas noticias en la prensa me siento analfabeto. Nunca he entendido que nadie se soroje al ver su nombre en la lista de los morosos o que deban a Hacienda millones de euros y sigan gastando lo mismo, manteniendo el mismo ritmo de vida; o no estén ni en la cárcel ni el Estado se haya hecho cargo de todo su patrimonio para saldar las cuentas. Con esa simplicidad que rige nuestra forma de entender las cosas, pienso en la de veces que ha llegado una carta de Hacienda a casa, reclamando una revisión del IRPF o del IVA, las cuentas embargadas, las piruetas que uno ha de hacer para mantenerse a flote en este país en el que los caraduras siguen siendo los que rigen el día a día.