Respeto por el rugby y el deporte de verdad

Al día siguiente de que el Cardiff Blues ganara la Challenge Cup por un emocionante 31-30, en la sección de Deportes en Antena 3 abrían con un twitt de un jugador de fútbol que anunciaba que estaba orgulloso de lucir la camiseta de un equipo parisino para la temporada que viene. Lo más de lo más de lo noticiable. La banalidad informativa llevada al extremo. Hace tiempo que el Deporte en televisión ha dejado de interesar. Al menos que no seas una fanático del fútbol, o mejor dicho, del Madrid, del Barcelona o del Atleti. Hay que ocupar minutos, y los entrenamientos, los desenfadados rondós de jugadores multimillonarios, los vídeos en redes sociales e incluso las fotos luciendo la nueva marca de calzoncillos de alguna estrella del balompié se convierten en la esencia de los informativos. La estupidez abriendo el telediario. Sin olvidarnos de informaciones deportivas tan relevantes como las de que un estadio pite el himno nacional o que un grupo de padres se hayan pegado en un campo de juveniles en un pueblo de Almería. De fútbol, claro está. Cualquier otro deporte se convierte en convidado de piedra del mayor espectáculo circense del mundo. Y eso me recuerda al jugador del Paris Saint Germain, orgulloso hoy de los colores de su equipo, que en Barcelona era un ejemplo de vistosidad pero también de marrullería, infantilismo, soberbia, antideportividad… Todo lo contrario a lo que pudimos ver en San Mamés en las finales de rugby, en cuyas gradas se mezclaban los colores de los equipos que disputaban las finales sin que hubiese conato alguno de violencia, donde cuando el pateador iba a lanzar una falta de castigo se pedía silencio en las pantallas (“Please respect the kicker”) y en las gradas (con un largo ssssssshhhhhhhh acogido con normalidad por el público, al que sí se le podía llamar entonces respetable).