El puestazo del ministro

Desconozco las habilidades del ministro Luis de Guindos más allá de su prepotencia y de tratar a la prensa como si fuesen apestados. Debe de tener un fino sentido del humor, a juzgar por el rostro de comicidad que se le queda cuando un plumillas saca la pregunta a pasear o cuando habla con sus colegas europeos y se echa esas enormes risotadas que provocan inseguridad y miedo. No en vano, muchas de sus decisiones acabarán golpeándonos tarde o temprano. Siempre me he preguntado qué sentirá un tipo de estos, si es que sienten algo. Si en verdad piensan que trabajan por el bien del país.

Personalmente, jamás he podido tomarlo en consideración. Ni siquiera en serio. No me gusta, no me fío de él, le oigo hablar y me entran sudores fríos, como si oyera caer una guillotina. Será porque soy un fiel seguidor de las teorías de Johann Caspar Lavater y de su obra El arte de conocer a los hombres por su fisonomía, y a mí la del ministro se me antoja como la de un pez globo —considerado el segundo vertebrado más venenoso del mundo—, el rostro de un personaje que podría esperar en cualquier esquina para desplumarte. Pero claro, es sólo una impresión. Y por tanto irracional, por mucho que nos acojamos a teorías del siglo XVIII.

Nunca entendí cómo un tipo que estuvo de asesor en Lehman Brothers —uno de los responsables de la crisis financiera mundial, no lo olvidemos— pudo acabar como Ministro de Economía. Hay gente que nace con padrinos y tampoco son necesarios demasiados méritos para ser ministrable. Basta con poner cara de póker y no contestar a lo que se le pregunta. En algunos casos, ni siquiera son necesarios acreditar idiomas o carrera. De estos, De Guindos tenía, no lo vamos a negar. Y ha demostrado ser listo. Se va a levantar más de trescientos mil euros al año si accede a la vicepresidencia del Banco Central Europeo.  Y no abandona de momento el cargo de Ministro, no vaya a ser que… Eso sí, todo por el bien del país. Imagino que parte de su sueldo lo devolverá a las arcas públicas, ya que gracias al Estado ha logrado acceder a los méritos por los que ahora se postula. Y los contactos que le permiten llamar a quien quiera y medrar. Aún no he oído a ningún medio de comunicación hablar de la obscendidad de un sueldo como el que le van a pagar. Pero sí decir que va a venir bien a España tener a una persona como De Guindos en el BCE. Como si su nombramiento fuera a ayudar en algo a mi economía.