¿Y el precio de la gasolina? Bien, gracias

Como esta semana he tenido coche me he permitido hacer un estudio empírico: la gasolina, o en este caso el gasóleo, ha subido 0,030 céntimos en menos de cinco días. Y así visto puede parecer ridículo, pero teniendo en cuenta que mi depósito tenía unos cuarenta litros, eso le suponía a mi bolsillo un incremento de 1,20 euros. ¿Y cuáles han sido los motivos? ¿El incremento del barril de crudo? ¿Los atentados en Cataluña y el despiste que ha provocado en el resto de noticias? ¿La última aparición pública de Trump o Maduro? ¿O tendrá algo que ver con el hecho de que se esperan cuatro millones y medio de desplazamientos en los próximos días? Y eso, se mire como se mire es mucho dinero.

Qué hemos hecho nosotros para manifestar el enfado y detener la sangría. ¿Hemos aparcado el coche? ¿Hemos salido a la calle a protestar? ¿Nos hemos quemado a lo bonzo en una estación de servicio? Pues no: nos hemos callado como cuando Iberdrola sube el precio de la luz porque se le pone. A lo más lo hemos comentado en el bar y hemos alzado los brazos en plan protesta para evidenciar que las petroleras, las eléctricas y cualquier compañía telefónica, por ejemplo, nos hacen un corte de mangas si tienen la oportunidad.

¿Y el Gobierno? Bien, gracias. Preocupado por el desafío independentista —esas dos palabras de moda hoy en día—, Venezuela, el populismo…, en fin, esas cosas. Porque lo importante es la macroeconomía, que el país arranque, que los números digan que estamos mejor que hace diez años. La economía del usuario de a pie, la micro, el Gobierno no la maneja —ni siquiera esos parlamentarios que cobran dietas en agosto sin ir a curar—. Y tampoco van a andar preguntando los motivos de la subida, no vaya a ser que cuando un ministro abandone la política se quede sin un puesto en un consejo de administración. Porque eso sí es preocuparse por la economía. La suya, por supuesto.