Póngame una de «postcrossing»

No viajo demasiado, pero cuando lo hago me gusta enviar una postal a mis amigos: como normalmente no salgo de España suelo llevar sellos en la cartera así no tengo que preocuparme de buscar un estanco o una sucursal de Correos. El extranjero lo practico poco, pero la última vez tuve problemas para encontrar sellos y acabé mandando las postales al llegar a casa. Cosas de las nuevas tecnologías: escribir a mano no está de moda; recibir cartas manuscritas tampoco. Cada mes de diciembre hago acopio de felicitaciones navideñas: siempre me ha parecido una de esas tradiciones a mantener. Lo de mandar guasaps con vídeos prefabricados me parece bien, incluso me hago fuerte en el envío, pero lo considero más impersonal. Una vez me dijo una amiga, al recibir una de las postales, que se había sentido emocionada por todo lo que de esfuerzo tenía: buscar la felicitación, el sello, escribir un texto único, echar la carta al buzón… Cuestiones que requieren tiempo, detener la rueda de esta vida acelerada y escribir pensando en la otra persona.

El pasado año mi hermana me habló de un nuevo proyecto llamado Postcrossing, cuya finalidad es permitir a la gente recibir postales de todo el mundo y de manera gratuita. Y todo ello a partir de una idea básica: si envías una postal recibirás al menos otra de cualquier parte del mundo. El fundador, un portugués llamado Paulo Magalhães, cansado de que su buzón estuviese repleto de noticias sin interés —cartas del banco, promoción de los supermercados, propaganda política…— decidió poner en marcha un proyecto en el que implicase a miles de personas. Gente desconocida que quisiese recuperar el sentido epistolar y que convertiría el buzón en una pequeña caja de sorpresas. Así definen en la web la sensación de abrir el buzón y no saber qué puedes hallar en su interior: una tarjeta postal desde Nueva Zelanda u otra de la pérfida Albión —término de nuevo en boga tras el tsunami del Brexit–.

Estos son los pasos que uno ha de dar si quiere registrarse en el postcrossing: a) pedir una dirección de otra persona registrada a quien mandar una postal. Recibirás dicha dirección por mail, junto a una identificación (ID) de la postal (p.e.: ES-782) que sólo identifica esa postal en el sistema; b) enviar la postal, y escribir en ella la ID dada para esa postal, lo que permitirá que la persona que la reciba pueda registrarla en la página; c) esperar a recibir una postal; d) registrar la postal recibida en el sistema e iniciar la rueda de nuevo. Esta forma de relación ha permitido unir a millones de personas, aunque desconozco si a una mayor que la meramente escrita.

Me vienen a la memoria algunos recuerdos epistolares procedentes de mi propia arqueología: los sobres dibujados por mi padre con las direcciones de mis amigos —algunas de ellas en plan jeroglífico— en unas cartas que acababan llegando más tarde que yo, o el nerviosismo al oír al cartero en moto en aquel pueblo de la costa alicantina. Épocas pasadas, sin duda, pero que nos empeñamos en preservar.