Plutón, el destronado

Años de estudios, de memorizar el orden como si se tratase de un mantra o de la lista de los reyes Godos -Mercurio, Venus, Tierra, Marte, Júpiter, Saturno, Urano Neptuno y Plutón- para que uno se entere ahora de que lleva años fuera de la categoría. Han destronado a Plutón, lo han reducido a planeta enano, casi sin derechos, con cinco satélites, eso sí, y acompañado de otro buen número de enanos que también han surgido como si de un circo se tratara. Uno de ellos con nombre de dios rapanui (Makemake), otro de diosa romana de las plantas y el amor fraternal (Ceres), de diosa griega de la Discordia (Eris) y el último, de dios de la mitología hawaiana (Haumea). Incluso ha aparecido otra docena de los que surgen dudas de si son enanos, asteroides u objetos varios. Pero sigamos con Plutón: la diferencia con sus hasta ahora hermanos es que no cumple con uno de los requisitos, a saber, no ha limpiado la vecindad de su órbita. Es decir: «no han eliminado otros cuerpos más pequeños de su entorno mediante colisiones, capturas o interferencias en su órbita». Cosas así. Pero como las sorpresas nunca vienen solas, con la Semana Santa llega la noticia -aún por verificar- de que han avistado un nuevo planeta en el Sistema Solar, el noveno. Y como soy dado a las tradiciones, propongo llamarlo Ben-Hur, en homenaje a la película habitual por estas fechas y a las nueve vueltas que Judah Ben-Hur tuvo que dar para derrotar a Messala en la conocida carrera de cuadrigas. Cogido por los pelos, lo sé, pero soy un romántico y me parece mejor que llamarlo 2016 PN2.