Los Picapiedra

Mientras que desde Estados Unidos nos llega su representación de las luchas de poder a través de grandes superhéroes venidos del espacio (Superman, Thor), líderes solitarios que se enfrentan al mal (Batman, Spiderman, Ironman, Daredevil…), o que se agrupan cuando el enemigo es demasiado grande (véase Los Vengadores) y que impulsan la frase “la unión hace la fuerza”, en Europa vivimos una época de personajes de segunda. En España, por ejemplo, la imagen del superhéroe patrio ha estado ligada a Superlópez, que mostraba las características de lo que somos (un oficinista que hacía pajaritas de papel, enamorado de una mujer con carácter cuando el fútbol o los amigos le dejaban tiempo libre, enfrentado a la rutina del día a día), de ahí que no nos sorprendan otras representaciones anteriores de nuestra idiosincrasia como Anacleto o Mortadelo y Filemón (alejados de esos agentes secretos en plan James Bond o Jason Bourne, por citar dos ejemplos del imaginario).

Y si desde Norteamérica llegan personajes de series sublimes (y sutiles) como los representados en El ala oeste de la Casa Blanca o House of cards, en la política española vuelven a pintar bastos. Es raro que a día de hoy ninguna productora se haya lanzado a plantear una ficción política actual, y hayan preferido regresar a un pasado de reinos y reconquistas. También esto dice mucho de nosotros. Porque cuando la imagen del ministro de Hacienda nos recuerda a Montgomery Burns ni pensar en quién sería Rajoy —que alardea de haberse leído recientemente dos libros de Vargas Llosa y Eduardo Mendoza, pero desconoce sus títulos—. Aunque en este caso no parece estar peor que el Presidente de la República Francesa: una encuesta decía hoy que Hollande perdería las elecciones incluso aunque su contrario fuese el pato Donald. Lo cual dice bastante poco de él. Su nivel de popularidad está a ras de tierra; el de Rajoy va a la par, pero la diferencia es que a él sí le votan. En fin… En estas estamos, con todas las televisiones hablando de la reunión entre Pablo Iglesias y Pedro Sánchez, pactos, acuerdos, desencuentros… Iglesias, tan dado a regalar Juego de tronos, debería quizás darse cuenta de que ninguna serie o cómic nos representa mejor que Pepe Gotera y Otilio. Y que al paso que van los dos líderes de Podemos y el PSOE van a acabar pareciéndose no a los personajes de Borgen sino —como mucho— a Los Picapiedra.