Los payasos del Congreso

La presidenta del Parlamento, Ana Pastor, recriminó ayer a los parlamentarios diciéndoles que el hemiciclo no era un circo, con perdón del circo. El motivo: el cachondeo que se estaba montando en la Cámara Baja ante la rotura de dos de los sillones en la bancada de Ciudadanos y que uno de los diputados, el conocido humorista Félix Álvarex Felisuco, levantara al aire la pata de uno de los escaños mostrando el trofeo del desaguisado.

Había sido una jornada repleta de jolgorio, con errores en algunas de las votaciones, porque al parecer, la rapidez con la que éstas se desarrollan provoca que el dedo confunda el gatillo. En una de ellas, la que correspondía a una enmienda de Nueva Canarias en la pantalla electrónica de votaciones del hemiciclo había reflejados 328 síes, 19 abstenciones y un único no, el de Rajoy. No quiero ni pensar qué hubiera pasado si esa votación se hubiera producido durante otro caso algo más trascendente. Las carcajadas hubieran resonado por todo el país. No hubo errores sólo del Presidente, ya que también se equivocó horas después Pablo Iglesias, lo que demuestra que hay más similitud entre los nuevos y viejos partidos de lo que pudiera esperarse. Y es que con la llegada de los primeros, muchos de los diputados y de los medios de comunicación afines al PP han subrayado que el Parlamento se ha convertido en un circo. Aunque semejante afirmación nos lleva a valorar si se refieren a payasos, trapecistas, domadores de fieras, funambulistas, magos, contorsionistas o ilusionistas del más difícil todavía. Y que cada uno opine si estamos ante el Circo del Sol o el de los payasos de la tele. La rotura de varios asientos del Congreso de los Diputados tiene mucho de simbólico, y más si pensamos que los anteriores escaños acabaron en un circo de los hermanos Tonetti.