Lo que me queda de los Beatles

Mi tío tenía una antología del grupo de Liverpool y la escuchábamos con frecuencia en su coche de vuelta de esquiar, de camino a Ordesa o rumbo al Balneario de Panticosa. Recuerdo aquel disco junto a otro de Santana, que siempre me dejó bastante frío, me aburría. Con los Beatles era diferente, sonaban al tipo de música de la que yo disfrutaba, aunque no las canciones de sus primeros discos sino temas como «Strawberry Fields Forever», «Here comes the sun», «Eleanor Rigby» o «We Can Work it Out». Y por supuesto, la versión larga de «Hey Jude», con esos cuatro minutos de tarareo repetido que entonábamos juntos porque era lo único que sabíamos descifrar de la canción, además del título. El primer disco que me compré de ellos fue Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band, que cumple hoy 50 años y del que han puesto a la venta una edición conmemorativa: nuevas mezclas en estéreo y audio 5.1 Surround, versiones expandidas, sesiones de grabación inéditas, material de vídeo… Para coleccionistas, mitómanos y adictos a la melancolía.

Siempre fue el trabajo que más me gustó del grupo, a pesar de que dos de las canciones que se editaron como single —“Strawberry Fields Forever” y “Penny Lane”— no aparecieran en el álbum, lo que me provocó cierta decepción la primera vez que lo escuché. Los críticos hablan de él como uno de los mejores discos de la historia, una obra maestra que revolucionó el mundo del rock junto a Pet Sounds, de Beach Boys. Dos discos complejos, que mostraban un concepto de creación musical que ya ha quedado anticuada. Quizás algunos sigamos siendo románticos y nos guste comprar, abrir el disco y descubrir los contenidos —letras, fotografías, el nombre de los músicos que han participado en él—. Preferimos eso a descargarnos uno o dos temas y almacenarlos en un contenedor repleto de canciones que no pasarán a la historia por mucho que sus artistas sean superventas hoy o llenen las salas.

Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band, con aquella portada repleta de celebridades que obtendría el Grammy en 1968, y la imagen de una tumba que daba pie a muchas suposiciones —sobre la muerte o no de Paul, por ejemplo—, supondría el inicio del cambio de los Beatles, la búsqueda de otro tipo de sonido. El grupo estaba cansado de los conciertos en directo, de los temas simples y cortos, de una forma de vestir: necesitaba lanzarse a cierta madurez musical que aquella imagen de cuatro músicos disfrazados ayudaba a cambiar. Les permitía ser otros, transformarse y, de paso, dar un vuelco a la historia de la música.

Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band puede que no sea ese disco complejo del que muchos hablan, y contenga temas menores, otros buenos y tres o cuatro joyas que seguirán sonando con el paso de los años. Pero según escuchas «A day in the life» entiendes por qué sigue siendo grande.