Lectura de la obra de Cervantes

La última lectura pública de poemas de Pablo González de Langarika tuvo lugar en el Hogar Leonés de Bilbao, en uno de esos encuentros que se organizan periódicamente en su sede. Era el mes de marzo y presentaba un nuevo número de Zurgai, la revista por la que apostó durante toda su vida. Me lo imagino sentado junto a Octavio Fernández Zotes y Marina Pérez, y escoltado por José Ramón Blanco y Ángel Muñiz, los dos pilares en los que —creo— se sustentan las actividades culturales del centro. En varias ocasiones hemos sido convocados para leer algunos pequeños relatos y degustar posteriormente el premio de productos leoneses. Por sus salones han pasado muchos de los alumnos de los talleres de escritura de la Alhóndiga —Azkuna Zentroa, ya se sabe— que llevábamos Pedro Ugarte y yo, y los de la posterior Asociación Espíritu de la alhóndiga, ese momento en que uno ha de enfrentarse al público con su criatura. Quizás sea una experiencia menor, pero a quién no le gusta sentirse escuchado.

El pasado 25 de abril plantearon una lectura colectiva de la obra de Cervantes, aprovechando la celebración del cuarto centenario de la muerte del escritor español más internacional. ¿Cuándo nació la idea de una lectura en voz alta del Quijote, a quién se le ocurrió recuperar de ese modo la novela de Cervantes? Dicen que en el Círculo de Bellas Artes de Madrid llevan veinte años cumpliendo con esta tradición. En el Hogar Leonés, además, se añadieron otras obras del autor madrileño. Y creo que esto es también una buena noticia.