Las frases hechas en la política

Escucho esta mañana una entrevista a una de las figuras más representativas del nuevo PP. Joven, resultona, con las ideas claras y el discurso aprendido: Andrea Levy. Lo más de lo más en la política de hoy. Pero admito que mis oídos se han llenado de prejuicios. No en vano una ministra ha soltado horas antes una de esas frases que sólo se les puede caer de la boca a quienes tienen el trasero bien asentado y el bolsillo cubierto: “El empleo ha venido para quedarse”, ha soltado la señora sin inmutarse. Lo que no ha dicho es a qué precio, o por cuánto tiempo, si será un empleo de unas horas, de un día, semanas o meses. En fin, superfluosidades, como sabiamente gritaba Manolito (el de Mafalda, por si las dudas). Pero como me posee el interés escucho entrecortadamente algunas de sus respuestas a las preguntas (muy poco incisivas, para qué nos vamos a engañar) de los contertulios. Y de sus labios surgen frases hechas, circunloquios, repeticiones de ideas idénticas, sacadas del manual de estilo del político rancio, o del vendedor de sueños. A saber:

“Cuando uno abandona la moderación cae en el populismo”;

“la ley es la ley, nada escapa a la legalidad, la democracia tiene su ley y si contravienes la ley vas contra de la democracia”;

“en política no se trata de contentar a los partidos sino a la sociedad”;

“estamos abiertos a la negociación con todas las fuerzas políticas”.

Y mi preferida: “cuando uno está en el extremismo cae en el delirio, España está cansada del chantaje independentista”.

Aburrido de monsergas, prefiero el humor disléxico de su jefe de filas (y presidente, ayyyyy): “Es el vecino el que elige al alcalde y es el alcalde el que quiere que sean los vecinos el alcalde”. A menos, esta me hace reír. Y por supuesto, la madre de todas las frases: “Cuanto peor mejor para todos y cuanto peor para todos mejor. Mejor para mí el suyo beneficio político”. Que si nos la hubiera soltado Gila, Ozores o Tip y Coll nos doblaríamos de la risa.