La sonrisa del Joker

Me llaman la atención algunas de las fotografías de líderes europeos que se ven en los periódicos. En ellas aparecen riéndose a carcajadas, con una de esas risotadas explosivas, exitosas, histriónicas, hiperbólicas. Como la de Jack Nicholson en el papel de Joker o el mucho más tenebroso Jared Leto. Qué es lo que provoca esa risa descoyuntada, me pregunto siempre que les veo, qué clase de humor afecta a estos personajes de nombres impronunciables cuya labor desconocemos pero de cuyas decisiones depende nuestro presente. Cómo pueden reírse con esa contundencia unos políticos que tienen sobre sus mesas el dilema de los refugiados, la crisis económica que afecta a los ciudadanos de su vieja Europa, la distancia cada vez más flagrante entre ricos y pobres, el ascenso de los ultranacionalismos… Qué burbuja les mantiene tan alejados del suelo que pisamos.

De Jean-Claude Juncker —ese personaje salido de una novela de Mario Puzo— recuerdo aquella otra instantánea en la que agarraba por el cuello al ministro español de Economía, Luis de Guindos, toda una metáfora de lo que estaba por venir. Y se reían, de nuevo a carcajadas, como si todo aquello no les afectase. Luego, eso sí, mudaban el gesto, como sus máscaras de teatro griego. Un trabajador del Parlamento me dejó una vez las cosas claras: «Es todo teatro, amigo. Ante las cámaras parece que se pelean, que discuten, que se insultan. Pero luego, apagados los focos, se van todos juntos a celebrarlo al restaurante más cercano».