La mirada en el espejo

En 1991, una de las canciones que más se escuchaban en Diálogos 3 —aquel programa de música New Age, folk y nuevas tendencias dirigido por Ramón Trecet— era un tema de casi doce minutos, The lady of Shalott, de la canadiense Loreena McKennitt. La canción retomaba los famosos versos del poeta Alfred Tennyson sobre una de las leyendas del ciclo artúrico, en concreto la de Elena, la dama de Shalott, que encerrada en una torre tejía día y noche obligada por una maldición a no mirar a través de la ventana hacia Camelot. Su único contacto con el mundo era un espejo a través del cual podía observar la imagen reflejada de lo que ocurría más allá de su encierro. Con todas estas imágenes iba tejiendo cuadros de historias en su tela, así como las aventuras de los caballeros de la Mesa Redonda. Un día se sintió atraída por la imagen de un caballero, Lancelot, y se enamoró de él. Dejó su labor y se asomó a la ventana para observar. Fue en ese momento cuando el espejo se rompió en mil pedazos, las telas en las que trabajaba salieron volando y se cumplió la maldición que pesaba sobre ella. Elena bajó de la torre, montó en una barca y navegó río abajo hacia Camelot y hacia su amado antes de que la muerte la envolviera. Esta escena es la que representa una de las obras más conocidas del pintor romántico John William Waterhouse, titulada precisamente The lady of Shalott. Como apunta la escritora británica Olivia Laing, muchas personas viven también hoy en día de espaldas a la ventana mientras un espejo llamado redes sociales les muestra lo que ocurre al otro lado, sujetas a la maldición de encontrar en la vida de los otros lo que, quizás, les gustaría vivir.