La lógica

La lógica es aquello a lo que muchos interlocutores recurren cuando hablan con otros y tratan de imponer su punto de vista. La lógica es lo que explica que no pueda haber diálogo entre dos personas que no se escuchan. La lógica muestra que si uno se salta las leyes es probable que llegue la justicia y te lo haga pagar de una forma u otra. La lógica tiene tantos matices como la cobardía, la violencia, la patria, la democracia y todas esas palabras a las que recurrimos para mostrar que el otro está equivocado. La lógica dice que si provocas que la gente se eche a la calle es probable que la reacción no sea pacífica. La lógica es lo que no tienen ni las masas, ni los cargos políticos, ni los intereses económicos, ni las personas que sólo buscan medrar. La lógica es aquello que queremos que tenga sentido para explicar muchas de nuestras acciones. La lógica diría que quien lleva a una sociedad al enfrentamiento tenga que ser el responsable. O que si la haces, la pagas, y debas dar explicaciones o dimitir.

Lógico sería que un trabajador que no sepa hacer su trabajo se vaya a la calle, sea funcionario, responsable público, director de un banco, presidente del gobierno, rey. Como lógico sería pensar que un lehendakari o un presidente debiera gobernar para su país y no para los votantes de su partido. Tendría lógica que los conflictos se dirimieran en una mesa de diálogo, no en la calle, o con un arma, o con un banderín de colores. Como sería lógico que uno diferenciara entre política y deporte, y que si en las noticias se habla de fútbol no tengamos que aguantar las opiniones de un defensa o de un presidente de un equipo. Si apenas son capaces de construir una frase con sentido sin recurrir a coletillas absurdas por qué molestarse en opinar.

Sería lógico que uno no leyera esto si no quiere ni le obligaran a hacerlo, o que no colgara fotos diciendo que está de vacaciones o haciendo el amor con su pareja, o haciéndose un selfie mientras vuelan las balas en una plaza. O que no tuviera que aguantar la cacerolada de un montón de personas frente a tu casa, o los silbidos, o los gritos de cualquier energúmeno. Son lógicas tantas cosas que han dejado ya de serlo.