La escritura del autoconocimiento

Cuando miro hacia atrás siempre me veo escribiendo, en mi cuarto, en la biblioteca, en un bar que convertí en mi sede y al que acudía prácticamente a diario. Me colocaba los auriculares y dejaba que la música me apartase del entorno, me aislase en un mundo literario tan personal como todo lo que escribía. Con el tiempo supe que a mucho de lo que yo hacía se le llamaba autoficción, yo ficcionado o etiquetas parecidas. Para mí era sólo una manera de enfrentarme al mundo, de plasmar en la página en blanco todas mis dudas o de convertirme en un personaje alejado de aquel ser aburrido y tímido en el que me había convertido. También en un método de reflexión y autoconocimiento. El 25 de mayo, jueves, con motivo de los Encuentros Literarios / Literatura Topaketak que organiza la Diputación Foral de Bizkaia quise hablar de todo esto, de escritores que aparecían en sus novelas para hablar de sí mismos o de los otros, de autores que han hecho de las egografías su razón de ser. Y de un escritor noruego de nombre impronunciable —Karl Ove Knausgård— que de repente se ha convertido en el gurú de los escritores del yo. Una charla en la que lo importante no fuese uno mismo sino todos los demás. Todavía a día de hoy tenemos que justificar lo que escribimos.