¡Es la economía, estúpido!

“Es la economía, estúpido”, fue una frase utilizada durante la campaña electoral de Bill Clinton en 1992 contra George Bush (padre). Y es la economía es lo que me digo cada día cuando intento explicar gastos que no entiendo. Por ejemplo: quién paga a Puigdemont su estancia en Bruselas, o los viajes de miles de partidarios de la independencia que coparon la capital europea con su esteladas hace unas semana; quién paga los coches oficiales, las campañas electorales, los sueldos multimillonarios de los consejeros de cualquier banco o empresa eléctrica, los rescates bancarios, las duplicidades de instituciones públicas y parlamentos autonómicos, el sueldo del rey y su familia y sus colaboradores, los miles de asesores que hay en el país, el cementerio de elefantes del Senado, lo que antes denominábamos la Corte y que son los mismos perros con otros collares. Y más que iré añadiendo. Esto sólo ha sido una vomitona inicial. Pero en cualquier caso, sí, nosotros, y los impuestos que comenzarán a subir en cuanto llegue el uno de enero. Y si no, al tiempo…