Guido van Helten, murales entre vides

No conocíamos al muralista Guido Van Helten —considerado como uno de los referentes internacionales del arte urbano—, pero tras visitar la bodega Solar de Samaniego nos hemos convertido en seguidores incondicionales. El artista australiano ha transformado siete antiguos depósitos de hormigón de unos trece metros de altura en una obra de arte. Un homenaje a los oficios del vino, pero también a la literatura. Van Helten tardó poco menos de un mes en recorrer Laguardia y sus alrededores fotografiando a la gente del lugar, para reflejar a través de gigantescos retratos su importancia en la fabricación del vino. Vendimiadores, camareras, trabajadores de la bodega, responsables vitivinícolas y esas manos arrugadas que sirven al tiempo para recolectar la uva o escribir. Desde hace unos meses Solar de Samaniego se ha embarcado en un programa enoliterario denominado Beber entre líneas: tertulias con reconocidos escritores, un premio de novela que ya va por su segunda edición —y que recayó en la novela La maldición de los Montpensier, del periodista y escritor sevillano Francisco Robles, que publicará Algaida—, relatos exclusivos para los cofrades… Una especie de homenaje al fabulista Félix María de Samaniego, muchas de cuyas obras se inspiraron en los viñedos de La Escobosa, una finca de la familia del escritor. No es extraña la relación existente entre el arte y el vino. Varias bodegas del entorno se han convertido ya en centros de peregrinación de personas interesadas no sólo en el vino sino también en la arquitectura —como es el caso de la bodega Ysios diseñada por el sobrevalorado Calatrava o la del Marqués de Riscal que ideó Ghery—; la apuesta de Solar de Samaniego va más allá, mezclando diferentes formas de arte. Los murales de Van Helten dotan de grandiosidad al espacio; la literatura, de un momento de intimidad, quizás mejor con un buen vino tinto.