Frío en la calle, calor entre libros

Es otro de esos días de un invierno que parecía haber remitido. Está anocheciendo. El editor, Roberto Lastre, me ha dicho que le llame en cuanto llegue a Vitoria, pero necesito unos breves minutos para interiorizar lo que voy a contar sobre la novela. No es lo mismo hablar a un público anónimo que a personas que ya conocen tus tics, que incluso los toleran o le hacen gracia. En la librería Mara Mara se respira el aroma a ilusión,a proyecto en el que hay puestas muchas esperanzas, quizás incluso sueños. Llama la atención la cordialidad de la dueña, el contacto cercano con lectores a los que ya conoce y a los que recomienda lecturas. Se acerca a una estantería —de ésas que parecen sacadas del salón de un lector voraz— y recomienda dos o tres títulos de editoriales independientes, poco habituales en otros lares. «Te van a gustar», le dice a una clienta.

Los asistentes a la presentación de Cuerpos de mujer bajo la lluvia son conocidos del editor, amigos de un proyecto que lleva ya quince años intentando introducirse en la vorágine del mundo editorial. Hay algún escritor, pero ya se sabe que los autores no son muy dados a asistir a presentaciones de libros. Escribir necesita tiempo, soledad, introspección. Aun así, Lastre quiere conmemorar la efeméride juntando a todos aquéllos que han formado parte de su catálogo: charlas, mesas redondas, encuentros en los que corra el vino y se hable de libros. Pero eso será en próximas fechas. Ahora toca hablar de mi libro: qué daño hizo Umbral. Y luego las preguntas del respetable. Una de las asistentes a la presentación se queja de que los más jóvenes no se acercan ya a los libros, pegados como están a los teléfonos móviles. Y uno, ajeno a las divagaciones sobre la escasez o no de lectura, se levanta y dice: «Hagamos como ellos».  Si no puedes vencerles, únete a ellos. Publicidad a golpe de selfie e Instagram.