Fernando Palazuelos o la heterogeneidad

Sigo la carrera literaria de Fernando Palazuelos desde que nos conocimos hace quince años en una cena de escritores organizada, si no recuerdo mal, por Pedro Ugarte. Palazuelos acababa de publicar La trastienda azul, una novela notable que sería reconocida con tres premios literarios —XI Premio Torrente Ballester de Narrativa, Premio de Novela Ciudad de La Laguna y XXII Premio Tigre Juan a la mejor ópera prima del año 1999— y que le convertía en uno de los autores más interesantes de aquel encuentro. Las casualidades hiceron que él trabajase cerca de donde yo lo hacía, por lo que pudimos compartir charlas de café y confesiones, casi todas literarias, en las que supe que prefería alejarse de los corrillos literarios, y dedicar su tiempo a escribir, a experimientar nuevos géneros —probó con éxito la poesía y el teatro— y a jugar con la imagen como un elemento más de sus obras. Dotado de buena mano para el dibujo, las portadas o el interior de algunos de sus libros —Ficcionarium, Geometría del azar, Ianua Caeli (La puerta del cielo), La memoria de los esclavos— han sido ilustrados por él, al tiempo que obtenía el XIII Premio de Cuentos Ilustrados Diputación de Badajoz por Designios. Su búsqueda constante de temas creativos que le satisfagan le ha llevado a trabajar mano a mano con Rober Garay dentro del proyecto COELACANTHUS BISCAYENSIS, publicando por el momento dos libros (Zapatos en la arena y La bestia que bebe de las huellas) en los que ahondan sobre la mitología vasca, con relatos de seres en los que se mezcla la ficción y la realidad. Su nuevo poemario, Alma de hierro (Siarte ediciones), es una muestra más de esa búsqueda. Se trata de un hermoso cuaderno a todo color en el que Fernando Palazuelos crea las ilustraciones y los poemas; una especie de viaje poético por el pasado industrial del Gran Bilbao, en el que el grafismo cobra idéntica importancia que los textos. Un cofre del tesoro con su candado y su llave para que el lector se sumerja en el interior, y mire, y lea, y revise cada página. Cada obra del escritor bilbaíno es una nueva aventura, una muestra de riesgo y de la necesidad de un escritor que nunca parece conformarse con lo que hace y busca en cada libro un algo más.