El máster de Cifuentes

El máster de Cifuentes demuestra lo que ya es un secreto a voces: el PP cree que España es su chiringuito y que el público se traga cualquier cosa. Será la derecha o una forma de gobernar, quién sabe. O será Madrd, la Corte, el poder… Hoy en Radio Nacional, Alfonso Alonso, destacado miembro del PP, y al que no considero una persona estúpida, venía a decir que tenían “que defender a los suyos —es decir a Cifuentes—, porque forma parte del Partido”. Qué más da si miente o no, si sus excusas suenan a eso, si ha dado explicaciones desde una pantalla de plasma —muy al estilo Rajoy— o desde su propia plataforma virtual para no tener que enfrentarse a la prensa y a preguntas icómodas. Tampoco importa que enseñe papeles con firmas falsificadas, que no sea capaz de entregar un trabajo de fin de máster —habría sido lo más fácil para evitar todo este esperpento— o que a estas alturas esté haciendo un daño irreparable a la universidad y a la educación. Nadie se cree ni sus mentiras, ni sus sonrisas ni su altanería de deidad barnizada en oro. Pero es que tampoco nos creemos a esos vendedores de sueños y baratijas que llaman políticos, capaces de anteponer las necesidades de su partido a las del país. Qué necesidad de regeneración, de cultura, de educación haría falta para que hacer cambiar todo esto. Durante dos años un amigo mío estuvo haciendo un máster al que dedicaba la práctica totalidad de su jornada: clases presenciales, trabajos colectivos, encuentros con otros compañeros… cuestiones que Cifuentes se pasó por la entrepierna con el visto bueno de la Universidad Rey Juan Carlos. Los responsables de la misma ya han dado a entender que el máster de la Presidenta de la Comunidad de Madrid funcionaba de manera irregular. Lo que nos hace cuestionarnos si no habrá ocurrido lo mismo con las carreras o los másteres de otros políticos hispanos, deseosos de ver engordar sus currículos como si en realidad todo eso les sirviese para algo. Como si no creyésemos que nos gobierna una pandilla de iletrados.