El Gran Hermano Trump nos vigila

Quizá sea sintomático de la incertidumbre que está causando la elección de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos el hecho de que se hayan multiplicado las ventas de 1984. La novela de George Orwell, ejemplo máximo de la distopía, se ha convertido estas semanas en una de las más vendidas en la plataforma Amazon, hasta llegar a colocarse en el número uno de la lista de best-sellers. Desde la editorial Signet Classics, que publica la novela del escritor británico, apuntaban otra cifra llamativa: tras la toma de posesión de Trump, sus ventas habían subido un 10.000%, viéndose en la necesidad de imprimir 75.000 nuevos ejemplares.

Y parece que la tendencia ha traspasado las fronteras para llegar a España, donde su edición de Debolsillo ocupaba el puesto 34, siendo el primer clásico. Orwell escribió la novela en 1948 como una crítica al ascenso de los totalitarismos, y en especial el de Stalin, en la que un partido controla todo lo que hacen sus ciudadanos, se adultera la información, se cambia la historia y se recurre a tergiversar los conceptos para un mayor control de la sociedad. Surgen así axiomas del tipo “La guerra es la paz / la libertad es la esclavitud / la ignorancia es la fuerza”.

Como es sabido, el protagonista Winston Smith trabaja en el Ministerio de la Verdad manipulando la información para adaptar el pasado a los intereses del Partido. Todo gira alrededor de la llamada neolengua, la simplificación máxima del vocabulario, la eliminación de aquellos conceptos que puedan afectar al buen gobierno de la sociedad, o lo que es lo mismo, a su control.

Trump ya hizo gala en la campaña de su capacidad para afirmar una cosa y negarla horas después, y no tiene reparos de arremeter contra la prensa acusándola de publicar noticias falsas (fake news) al tiempo que habla de “hechos alternativos”, hechos no sucedidos a los que ya mencionaba el propio Orwell. No hay más que mentir constantemente para que quien escucha lo identifique como la verdad. Aquel que controle el pasado controlará el futuro, y quien controla el presente lo hace con el pasado.

La idea de la neolengua no es nueva. Orwell tomó como modelo los discursos propagandísticos de los nazis y del comunismo soviético. Recordemos esa frase de Joseph Goebbels: “Si repites la misma mentira suficientes veces la gente se la creerá. Y cuanto más grande la mentira mejor “. En nuestro país hemos visto el intento de muchos partidos de controlar los acontecimientos otorgandoles palabras neutras, empleando un vocabulario especial para definir las cosas (en Euskadi seguimos llamando conflicto a algo que no lo fue). Lo políticamente correcto no deja de ser una forma más de neolengua, como lo son esos eufemismos que nombran sin nombrar. Que Trump haya despertado el interés por 1984 puede ser sólo una coincidencia, o el síntoma de que la política mundial ha comenzado un nuevo ciclo que ya predijeron otros.