El extraño incremento de títulos publicados en un país que no lee

Echar una ojeada a los estudios sobre lectura en España es como para llevarse las manos a la cabeza. Sobre todo cuando se confirma que en este país existe más gente contando historias que interesado en conocer las de otros. Vivimos en la sociedad del yo, lo que hago, fotografío, vivo. Todos tenemos algo que contar, que mostrar a los demás: son los mensajes publicitarios de las compañías de telefonía móvil, o de editoriales proclives a la coedición —tú pagas, yo edito—. Proliferan las plataformas en las que enseño dónde estoy, qué hago, a quién he visto —o mejor, quién me ha visto a mí—, en las que puedo publicar lo que pienso —en pocos caracteres, porque la escritura ya no precisa de reflexión, se basa en el constante vómito de ideas—. Hasta los informativos han dado paso a una sucesión de imágenes de personajes sin interés que cantan, bailan o se abrazan delante de su móvil, o escriben lo que les pasa por la cabeza mientras viajan en autobús, orinan o ven la tele.

Las redes sociales se llenan de autores que se vanaglorian de la grandeza de sus obras o de lo mucho que otros las alaban, y no mencionan ni de pasada las ajenas. Recibes solicitudes de amistad de desconocidos que te preguntan si has leído su último libro de relatos. Los editores reciben manuscritos de autores que dicen no leer para no contaminarse con las historias de otros, proliferan las personas que acuden a talleres literarios con la esperanza de publicar pero no de aprender a escribir. Y la rueda sigue, como la del complejo mundo editorial. Quién va a parar una industria si en 2007 se editaron nada menos que 60.000 nuevos títulos, 70.000 en 2012, alrededor de 72.000 en 2014 y 73.144 en 2015 —mención aparte para los libros de texto, cuyo número aumenta exponencialmente para, según dicen, adaptarse a los nuevos contenidos educativos, como si las Matemáticas o la Historia cambiasen cada curso—. Con semejante cantidad de novedades —el fondo editorial brilla por su ausencia, los libros tienen una vida efímera, reducida a tres meses en la mesa de novedades o en las cajas de envíos— llama la atención las cifras extraídas del último Barómetro realizado en junio por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). Según este informe, casi un 60% de los españoles no acude nunca a las librerías, frente al 1% que entra todos los días en una librería —vicio se le llama a esto—, y el 1,7% que lo hace varias veces a la semana. Además, el 74,7% no pisa nunca una biblioteca. Cifras que tendrían que contrastarse seguramente con las de entrada al día en un bar o las horas que pasamos delante de una pantalla viendo llorar o reír a Ronaldo. Cómo es posible que el número de títulos aumente  si un 40% de los encuestados afirma no haber leído un libro en los últimos doce meses, el 7,1% ha leído sólo uno, el 28% de dos a cuatro, o el 10% de cinco a ocho.