El desconocimiento como respuesta

Cuando acudes como visitante a algún juicio sorprende que la mayoría de los acusados respondan con amnesia. ¿Entró usted a robar en el piso de la señora? No recuerdo. ¿Persiguió con un arma blanca por las calles a un tipo hasta clavarle el cuchillo? No lo sé. ¿Golpeó a la mujer de sus hijos? No lo recuerdo. Respuestas que se entienden en ese derecho de los acusados a mentir o a decir lo que les venga en gana en favor de su defensa, pero que demuestran muy poca inventiva. Ya vendrá el fiscal con las pruebas y las rebajas…

Los testigos, por el contrario, están obligados a decir la verdad. Aunque claro, si no quieres decirla porque caería sobre ti el peso de la ley por qué no recurrir entonces al desconocimiento. Eso fue lo que ocurrió ayer en la Audiencia Nacional. Declaraban como testigos en el caso Gürtel algunos de los nombres más sonados del PP de la era Aznar: Javier Arenas, Jaime Mayor Oreja, Ángel Acebes, Francisco Álvarez Cascos, Rodrigo Rato… Casi nada. Personajes que tuvieron en sus manos las directrices del país. Verles declarar como testigos y alegar al olvido resultaba extraño, sospechoso, inquietante. Aunque claro, acordarse sería constatar que cobraron los sobresueldos que les atribuye la caja B que llevaba el tesorero Bárcenas. Y no hacerlo con un «No lo sé» evitaría el perjurio. El desconocimiento como defensa, como si el olvido fuese un atenuante: «No lo recuerdo», «No estoy seguro», «Ocurrió hace muchos años». Aunque más llamativo fue el caso de Jaime Mayor Oreja, que negó tres veces: «No lo sé, no me consta, lo desconozco». En su caso no tuvo que esperar a que cantara el gallo.

Viéndoles frente a los jueces, aunque sólo fuera como testigos, me hizo pensar en esa forma de hacer política que sigue muy presente en nuestro país y que los nuevos partidos no han venido a cambiar. Pero entendí de repente la razón por la que los políticos en general, y los ministros en particular, requieran de tantos asesores. Teniendo en cuenta su mala cabeza —atenta tan sólo a los problemas verdaderos de los ciudadanos— es necesaria la presencia de personas que le recuerden lo que deben hacer: reunión con el embajador, discurso en tal encuentro con empresarios, comida con la parienta en el restaurante de siempre, recoger el sobre que nos ha dejado el tesorero del partido, y a la noche, visita a la chati. Cuestiones que no puedo recordar, señor juez, porque han pasado muchos años y mi memoria siempre fue frágil. Aunque sorprende que sí recordasen otras cosas que ocurrían en el Partido. Recuerdo selectivo lo llaman.