De Ferias y otras formas de difundir el libro

Leo en la prensa y en las redes sociales que la Feria del Libro de Bilbao ha sido un éxito. Diez días marcados por las buenas ventas, la presencia abundante de autores firmando sus últimos libros, el apoyo de un público ávido de lectura y las actividades varias realizadas tanto en la carpa como en Bidebarrieta Kulturgunea. Soy testigo a través de Facebook y Twitter de la voracidad arrolladora de uno de los autores locales, cuya última novela, vendida casi al por mayor, parece haberse convertido en un best seller sólo comparable con El código Da Vinci o las obras de Blue Jeans. Las cifras cantan, y si un libro se vende ha de ser bueno, ¿no? El resto de escritores han sido más cautos, los libreros callan en público —en privado es otro cantar—, la organización habla de un diez por ciento de incremento de ventas. Incluso la prensa, reacia a apostar por la cultura, ha dedicado espacio y fotografías al evento. En definitiva, todo parabienes. Da gusto ver que las cosas funcionan y que los libros (en papel) vuelven a ser noticia.

Pero como no todo puede ser bueno, algunas dudas que me surgen tras la Feria de Bilbao. La fundamental: la promoción. Creo que habría que hacer un mayor esfuerzo publicitario en favor de la Feria, como se hace por ejemplo en Gutun Zuria o en La Risa de Bilbao. Porque si a estos dos festivales la gente acude en masa, ¿por qué la Feria parece a veces un erial? También podríamos hablar de los carteles o el programa, que parecen diseñados por un estudiante recién salido de la universidad. Propondría a la organización carteles como los que se hacen en la Feria del Libro de Madrid —en la parte inferior el de este año—, o concursos como el organizado en Huesca, cuyo cartel con un corazón nacido de las páginas de un libro es mucho más sugerente que el dibujo naif de Bilbao. Si cada año montamos un concurso para seleccionar el cartel de los Carnavales o de la Aste Nagusia, qué nos impide hacer lo mismo en la Feria del Libro. Y ya que existe inetrnet, tampoco estaría mal mejorar esa página web sobre la Feria en la que uno busca información y encuentra la nada.

carteles

Desde hace años se discute sobre la validez o no del formato feria. Sé que es complicado, que cuesta regenerarse, modernizarse o simplemente cambiar de esquemas. En Madrid me dijo un librero que los organizadores se habían volcado erróneamente en la escritura salida de youtubers o personajes de la televisión. Nosotros estuvimos un fin de semana, bajo el sol del mediodía y un calor que sólo invitaba a pedir agua. Pero había movimiento. En el Retiro se agolpan más de 370 casetas, en las que se mezclan con claridad librerías, editoriales, distribuidores, instituciones públicas, fundaciones… La web está operativa, aparecen los nombres de las editoriales o de los autores que van a firmar; se pueden incluso ver los diseños anunciadores de los carteles de últimos años. Aunque era un golpe a la vanidad escuchar por los altavoces el número de escritores que firmaban libros: tardaba alrededor de diez minutos en anunciarlos a todos. Si cuando dicen que hay más escritores que lectores…

En Bilbao sorprende que las librerías más importantes de la villa ni se planteen pasarse por la Feria, por no hablar de las editoriales. Eso hace que casi todas las casetas parezcan idénticas, tengan los mismos títulos, incluso los mismos autores firmando. Salvo honrosas excepciones, las editoriales más pequeñas ni se plantean recalar en Bilbao, como hacían antes. Desconozco si es necesario cambiar el formato, si habría que impulsar una feria como la del libro independiente de Santander, cambiar el emplazamiento o reducir el número de días. Si los organizadores y autores presentes en ella han salido contentos, pues nada: el año que viene más.