Cultura, vino y Laguardia

Hace unos años me obsequiaron con una de esas cajas regalo en la que puedes coger una noche de hotel, tres días de relax en un alojamiento con spa o una gira turística por viñedos internacionales. En este caso se trataba de una cata de vinos con picoteo. Como era la primera vez que me regalaban algo parecido, y no quería viajar muy lejos —había catas por cientos de bodegas españolas—, opté por coger una en Laguardia, en la bodega Solar de Samaniego. Mi conocimiento del vino es igual al de otros muchos: lo miramos a contraluz para averiguar el color —cereza, seguro que es cereza, o mora, quién sabe—, nos lo llevamos a la boca, lo paladeamos como si entendiéramos y decimos que sí, que está muy bueno, que tiene tonalidades afrutadas, que deja un ligero retrogusto a madera o que en la lengua adquiere toques de silla de montar (a un amigo le soltaron algo parecido en una cata y aún se imagina al catador dando lengüetazos al lomo de un caballo). Con semejantes conocimientos me dejé llevar por lo literario y pensé que una bodega que se llamase como el fabulista alavés merecía toda mi atención. Así que conocimos la bodega y ya en un exceso vi las ventajas que me ofrecían para hacerme cofrade. Desde entonces sigo con interés toda la información que me mandan desde la bodega —publican una especie de cuaderno de notas que denominan El correo del cofrade— y la cada vez mayor relación del mundo del vino con el de la cultura —ya presente en El Rioja y los cinco sentidos, por citar un ejemplo—.

Solar de Samaniego ha creado el proyecto Beber entre líneas, “una fusión de las culturas del vino y la literatura mediante una propuesta multiartística”, según apunta la propia bodega. Eso le ha llevado a firmar un acuerdo con la revista LEER para la organización de encuentros literarios y ha creado el premio de novela que lleva su nombre. La primera edición fue a parar a Luis del Val y a su novela La transición perpetua (Algaida)una obra seleccionada por Javier ReverteEspido Freire, Félix G. Modroño, Ramón Pernas y Bieito Rubido. Además, han creado para cofrades una carpeta llamada “Vinos de finca, vinos de autor”, y se les ha pedido a autores de renombre que escriban un relato a partir de lo que les sugieren sus vinos. El primer texto lleva la firma de Espido Freire y se basa en el crianza Majaflorida. Este año han sacado una edición especial de otro de sus vinos, el reserva 7 Cepas, en la que cada serie de doce botellas hace referencia a un mes y a un escritor —Virginia Wolf en enero o Stevenson en diciembre, por citar dos de ellos—, con contraetiquetas ilustradas por Elena Odriozola. Y como a veces las coincidencias llaman a la puerta, me entero ahora que la editorial Nórdica recupera el texto de Julio Cortázar, Aplastamiento de las gotas, por cuyas ilustraciones la creadora donostiarra ganara el Premio Euskadi en 2009, en una edición que publicó Laberinto de las artes.