Crónica de la sentencia judicial contra La Manada

O sea, ¿que cinco anormales con el cerebro en la entrepierna, que se definen a sí mismos como La Manada, lo que evidencia su instinto animal y gregario, que se jactan a través de grupos de wásap de buscar mujeres con las que hacérselo, que graban en vídeo a la chica de la que se están aprovechando sexualmente, a la que empalan por delante, por detrás, que le obligan a que se la coma, y a la que han metido en un portal a la fuerza, a la que luego dejan tirada y medio desnuda, a la que uno de ellos le roba el teléfono móvil —sustraer empleando un término jurídico— para que no pueda quedar a los demás —o chivarse en la jerga de estos cinco trogloditas que ha educado nuestro país— y que están a la espera de juicio por otros hechos similares no han violado a la chica? Pues nada, que fue sexo en un ambiente de jolgorio en el que a una mujer le ponía mucho montárselo con cinco a un tiempo, por eso de superar algún récord —si se me permite la ironía—. Que se vieron en la calle en plenos sanfermines y les dijo, oye, qué os parece si me dais por el culo, pero así, en grupo, que me produce morbo. Y todo fue de perlas, tanto que ella prefirió quedarse medio en bolas en el portal por eso de descansar un poco. Y que lo de mangarle el móvil fue una broma, porque ella los llamó picha floja, capullos o algún que otro apelativo cariñoso. ¿Qué tendría que haber hecho la mujer, defenderse? ¿Liarse a golpes para que esos cinco anormales le dieran de hostias, le desgarrasen la ropa o el culo y la abandonaran sobre un cerco de sangre?
En fin. Un despropósito. Pero es que, claro, no somos jueces, ni hemos visto los vídeos porno esos que se marcaron, así que sólo podemos conjeturar. Pero así, de primeras, la sentencia suena a rancio, a país casposo en el que la mujer sigue estando por debajo en el escalafón.
Esta es la opinión. Ahora la teoría: ¿Qué diferencia existe entre abuso y agresión sexual teniendo en cuenta que los chavalotes han sido acusados de un delito continuado de abuso sexual en su modalidad de prevalimiento con pena de 9 años de prisión? Tanto el abuso como la agresión tienen en común el ataque o atentado a la libertad sexual de la persona. No hay por tanto consentimiento por parte de la víctima. ¿Cuál es entonces la diferencia? En el segundo caso, la falta de consentimiento se realiza a través de violencia (física) o intimidación (violencia psíquica). Si la agresión sexual se produce con penetración se denomina violación, y tiene una pena de entre 6 a 12 años. Nueve ha sido la condena de La Manada, pero no es el número de años sino la definición del delito. Los jueces han entendido que la falta de consentimiento ha sido debida a que los cinco acusados “se prevalieron de una situación de superioridad tanto por el número de personas como por las circunstancias de lugar en que se produjeron los hechos”, pero que no recurrieron a la violencia. ¿Qué tendría que haber pasado entonces para que hubiera habido violencia? ¿Y cómo es posible que uno de los jueces haya emitido un voto particular de absolución? En fin, la ilógica me impide pensar.