Costumbre informativa

Escucho la radio por la mañana, el parte, que decía mi abuelo: situación de las carreteras, tiempo meteorológico, alguna noticia internacional que nos provoca sudores fríos, pero sobre todo mucho colorido local. Y paletadas de informaciones políticas que suenan a bucle, a déjà vu, a gato negro ronroneando sobre un suelo con forma de ajedrez. Argumentos que se repiten como uno de esos culebrones sudamericanos de los ochenta o las novelas de alguna autora cercana de éxito: leída una, leídas todas. Políticos con gafas para la presbicia que pretenden llegar a acuerdos sin moverse para nada del sitio. Y apelando, eso sí, a la la legitimidad de las urnas, al conocimiento de lo que les reclaman los votantes, a los mercados, a la situación económica, a Europa, a la democracia… Rajoy ejerciendo de Rajoy, que decían esta mañana en el titular de un periódico aragonés. Sé que la política es el arte de la mentira, pero la de este país no se parece a House of cards o a Borgen. Viendo el comunicado de prensa del presidente (en funciones) me acuerdo de la hilarante escena de Amanece que no es poco y el discurso de Rafael Alonso como acalde del pueblo: «En resumen: Hemos ganado los de siempre. O sea, yo alcalde, de cura, Don Andrés, de maestro, no se ha presentado nadie, o sea, que sigue Don Roberto. (…). De puta, Mercedes (…). También han salido cinco adúl­teras, pero bueno, esto ya se lo diremos a ellas para que los maridos, si quieren se enteren y si no, no. Monja, no hay… Que no ha salido… La Cristina va a probar de marimacho unos meses. Y Don Cosme, de homosexual». Y todo refrendado por los emocionados aplausos de los lugareños…